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Prensa. efectococuyo.com
“Jabones, compre jabones, jabón sin cola”. Ese grito ya es más que conocido para cualquier usuario del Metro de Caracas, donde, aunque esté prohibido vender, se ha convertido en una especie de mercado para conseguir eso que no está en los anaqueles de los tradicionales. Como el jabón.

Aunque los jabones artesanales pueden representar una solución a la escasez, es uno de esos casos donde puede llegar a ser peor el remedio que la enfermedad. La mayoría de los jabones no indican con qué fueron hechos, lo que imposibilita saber si contienen algún componente al que se es alérgico. Mucho menos tienen Registro Sanitario.

El ministerio de Salud intentó tomar cartas en el asunto, pero de una forma más bien débil. Ha emitido dos Providencias al respecto, una el 6 de abril y una el 8 de julio, pero no han cambiando mucho las cosas. En ambas se dice más o menos lo mismo: todo aquel que realice productos cosméticos artesanales debe registrarlos ante la Dirección de Drogas, Medicamentos y Cosméticos adscrita al Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria.

Deben presentarlos con Rif, Registro de Comercio, Inspección de Instalación y Funcionamiento y el listado de productos que ofrecen, con nombre, contenido neto, fabricante y distribuidor. También deben realizarse análisis microbiológicos a fin de especificar sus valores fisicoquímicos.

 
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