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Días atrás, al encender una enorme cruz en el cerro que abraza Caracas y que típicamente marca el inicio de las fiestas navideñas en Venezuela, el presidente Nicolás Maduro prometió a sus compatriotas, golpeados por la escasez de alimentos, que podrían celebrar las fiestas con los platos tradicionales.
Prensa.  Reuters. Pablo Garibian.
A partir de allí, los anaqueles de los supermercados en Caracas empezaron a surtirse lentamente con productos que estuvieron ausentes por varios meses, aunque muchos de ellos importados y con altos precios, según pudo constatar Reuters en varios supermercados a lo largo de la capital.

El Gobierno dijo que recibirá 1.600 contenedores de productos navideños, entre comida y juguetes, en el puerto más cercano a Caracas y garantizará los insumos para las tradicionales hallacas -un pastel de harina de maíz que se rellena con guisados- y para el pan de jamón, como aceitunas, alcaparras, trigo panadero, aceite, carne, pollo, huevo y leche.

Además, ha anunciado la llegada de volúmenes similares en otros puertos para atender el resto del país. “En las próximas semanas y pasado incluso el mes de diciembre en esos productos tendremos el abastecimiento suficiente”, dijo Freddy Bernal, jefe de un programa gubernamental de abastecimiento popular conocido como CLAP.

Pero muchos temen que el efecto se diluya poco después de Navidad, mientras el dólar paralelo ha escalado recientemente, encareciendo las nuevas importaciones. El año pasado, muchas familias no pudieron elaborar algunos platillos tradicionales por la escasez o suprimieron algunos ingredientes, una situación que se sumó al malestar de muchos venezolanos por la crisis económica.

“No es ni de cerca la solución del problema porque no son cantidades masivas y porque obviamente son unos precios que están fuera del alcance de la mayoría de los venezolanos”, dijo a Reuters Asdrúbal Oliveros de la consultora Ecoanalítica.

Pese a que los precios bajo la conversión del dólar en el mercado negro pueden llegar a ser competitivos frente a otros países, no lo son para los deprimidos sueldos en bolívares, con un salario mínimo equivalente a unos 50 dólares que se evapora rápidamente con la inflación más alta del mundo.

Venezuela vive una crisis agudizada por la persistente caída de los precios del petróleo, su principal exportación, que redujo fuertemente los ingresos del Gobierno para una economía altamente dependiente de la importaciones.

“Olvidate un ratico”
Mientras el sector privado culpa de la crisis a las políticas socialistas y la oposición busca revocar el mandato de Maduro, el presidente acusa a los empresarios de dirigir una “guerra económica” para socavar su Gobierno. Sin embargo, a pesar de que los supermercados ahora exhiben más bienes básicos, la galopante inflación -que según el FMI llegará al 500 por ciento este año- hace que algunos precios en los anaqueles sean prohibitivos para personas de bajos ingresos.

Un envase de 1,8 kilos de leche en polvo cuesta el equivalente de 20 dólares en una tienda por departamentos de corte popular en Caracas, mientras que en la vecina Colombia, un kilo de leche cotiza en unos 7 dólares. “Si tienes real (dinero) por supuesto que estás feliz, pero uno que no tiene se queda con las manos vacías”, dijo Gerónimo Pérez, un vendedor de diarios de la capital.

El Gobierno impulsa un plan de abastecimiento complementario con productos importados de Brasil y Colombia a precios por encima de los regulados pero inferiores al mercado negro. Pese al arribo de bienes, las serpenteantes filas de personas para comprar insumos básicos persisten en la ciudad.

“No podemos manejarlo como que se está solucionando el problema. La escasez se ha aliviado con la importación de productos que no podemos producir en el país”, admitió el ministro de Industria y Comercio, Carlos Faría. El Gobierno afirma que garantiza el abastecimiento de arroz y maíz hasta marzo del 2017 y arribaron barcos con 890.000 toneladas de azúcar para descargarse en noviembre y diciembre.

Algunos prefieren hacer el esfuerzo de adquirir estos bienes para asegurarse el suministro más allá de diciembre. “Con esto uno no puede olvidarse de lo que estamos viviendo, pero al menos te ayuda a como a respirar y olvidarte un ratico”, dijo Nora Castro, una empleada de un supermercado en Caracas. Reuters
 
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