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Prensa. elperiodicodeldelta.com
“ Ya saben ustedes que por la borrachera perdió Venezuela parte de su territorio, por la borrachera cogieron los ingleses a los comisionados venezolanos cuando trataban de establecerse los límites ¿lo saben? . A mí me lo dijeron en la Guayana Inglesa. Yo hablé con el hermano de una monjita que estaba en la Comisión de Límites y me dijo: “claro, los nuestros los convidábamos a un banquete y ellos se emborrachaban y entonces nosotros íbamos y cambiábamos los botalones”, eso me lo dijo riéndose, aquí teníamos internado y teníamos indiecitos waraos de aquí de Venezuela y de la Guayana Inglesa. Algunos venían de allá con sus padres que estaban trabajando para la Misión, nosotros los recogíamos y después nos robaban todo.

Allí en Amacuro fue una cosa seria, porque no había autoridad ninguna, no había nada, ni jefe civil, ni comisario, no había guardia. Fíjese esto, una vez vinieron 2 policías de la Guayan Inglesa, pasaron para este lado y empezaron a hablar aquí con los trabajadores diciéndoles que 7 yardas del río para acá y que era de la Guayana Inglesa, que era de ellos. Otra vez también nos pasó otra cosa, un indio que teníamos como líder, era un arawaco-warao, sabía hablar perfectamente el arawaco y el warao, José Tocorís se llamaba y era todo un personaje en la Guayana Inglesa, muy temido, y resulta que allá mató a una persona de una manera realmente sádica. Metió todo el cuerpo en un cesto, lo colgó del caballete del rancho y después se escapó para acá. Entonces la Guayana Inglesa ofreció una cantidad de dólares para el que presentara a Tocorís. Resulta que Tocorís no sé cómo hizo aquello, pues era un hombre bueno y nosotros lo pusimos al frente de los indios. Era el tiempo de los fugados de las cárceles de Cayena, aquí cada día al romper la mañana, alguien tocaba la puerta, ya sabíamos quienes era, tatuados todos, eso era continuamente, ya sabíamos lo que les íbamos a decir, algunos se quedaban afuera, otros pasaban, otros eran confinados. Total que a la cabeza de Tocorís le pusieron precio y una vez los padres fueron a buscar pencas de temiche allá arriba y al regresar con la balsa llena, venía Tocorís al timón y aparecen 2 guardias (pero ya sabes que el Amacuro del centro para acá, para este lado es de Venezuela y para el otro lado es de la Guayana Inglesa) y resulta que los guardias iban poniéndose del lado de Venezuela, entonces el padre Félix, quien me lo contó, se dio cuenta y le dice a Tocorís “mira, mira Tocorís, vira para acá, que te van a coger”, entonces viraron hacia el otro lado del río y se marcharon porque no podían tocar hacia la otra orilla del río, y así, de cuando en cuando venía allí gente, pero fíjese, esa es un cosa muy interesante que tengan ustedes en cuenta, nosotros sí defendimos la soberanía de Venezuela, y lo hicimos solitos aquí, sin guardias, contra todo riesgo cuidamos las fronteras de este país.”

LA RANCHERIA DE VUELTA LARGA Y EL SECUESTRO DE LAS NIÑAS WARAO

“Para que usted se dé una idea de lo que han hecho los gobiernos, voy a contarle con pelos y señales lo que yo viví en la época de López Contreras. Sucedió que un gobernador que había aquí, que fue aquel a quien le entregué yo la casa de Wausa, Morrinson, que era de Carúpano, mandó a la guardia nacional con la “Roraima”, que era la lancha de la gobernación, para que fuera por allí a coger indios, muchachos y muchachas, y al primer sitio que llegaron fue a la ranchería de Vuelta Larga. Los indios adultos no estaban en la ranchería de Vuelta Larga, tenían cerradas las casas, había animales y haciendas de cacao, de café y de caña, pero fueron a buscar yuruma (la harina del moriche para hacer las fiestas sagradas). Al meterse allá, donde tardaban un mes entero, van y vienen, y dejan a dos niñas en la ranchería que estaba a la orilla del río, no el Macareo, sino uno derivado del Macareo que se llama Juaneida (caño negro, agua negra), los otros, los mayores, estaban en el morichal buscando la yuruma.

Viene la “Roraima” con los guardias, saltan y cogen a las dos niñas, siguieron río abajo y se metieron por otro lado y se llevaron no sé cuantos. Entonces vienen los indios por la tarde preguntando ¿Dónde están las niñas? ¿Se las llevarían los Guardias? . Entonces vinieron aquí Goyo Blanco, que es tío de aquellas dos muchachitas y me dijo que supieron que estaban allí en el piso alto de la gobernación, porque al pasar por allí decían desde arriba “¡daku-daku-daku!” (daku en lengua warao significa tío), lo reconocieron. Ellos fueron a la gobernación, -“¿dónde están las niñas?”-, y les dijeron, -“esperen allí que van a venir”-. Los metieron en un rincón del piso bajo y entonces empezaron a darles de beber y los emborracharon y después que estaban borrachos cogieron a las muchachas y las embarcaron. Allí en la Gobernación había una secretaria que nos lo contó todito -“hoy padre, se marcharon tantas niñas”-, total, por ella que llevaba cuenta, veinticuatro niñas embarcaron aquí. Entonces le dijeron –“de las niñas no sabemos donde han ido”-. Después se marcharon. Eso era cerquita de la cuaresma. Pues mira, yo informé al Obispo, que era Monseñor Gómez, que ya ha dejado de ser Obispo y está en Ciudad Bolívar retirado. –“mire, pasa esto y esto”- y allí estaba la mujer del gobernador warao, pobrecita, “La Rosa le decía yo, se ponía de rodillas”-¡Ay Padre, si tu puedes ayúdalos!-. Decían que a las niñas las querían para matarlos, para quitarles la sangre, eso decían los indios y se me ponían de rodillas. “Ay Padre…”. Yo les dije – “estén tranquilos, yo voy a informar a Monseñor” .

Monseñor fue a Caracas, estaba gobernando López Contreras y estaba de Ministro de Justicia uno que era carupanero, sobrino de Monrrinson. De tal manera que cuando López Contreras se marchó de Caracas a Estados Unidos dejó dos niñas en el Colegio San José de Tarbes, en el Paraíso, allí crecieron. Después el otro, el Ministro de Justicia, con el cual tenía que hablar Monseñor, tenía dos o tres también en Carúpano. Otro que había sido médico en Barquisimeto, éste tenía también otras. Las fueron repartiendo entre familias altas, de tal manera que las fueron colocando en casas de amigos – ¡está muy bien porque allí se civilizan!, decían ellos, pero si las roban de esa forma, cómo los van a civilizar. Monseñor estuvo con López Contreras después fue con el Ministro de Justicia. Allí fue lo mismo, todos dijeron que si, que si, total que nunca se consiguió nada.

Pasaron unos años y entonces la mujer de Morrinson llega un día a nuestro Convento de Las Mercedes, al lado del Ministerio de Educación en Caracas, cerca de la Casa de Bello y llega con una muchachota guaraúna y pregunta “¿dónde está el padre encargado de las Misiones?”, baja el Padre Benigno y ella le dice -“Mire Padre, aquí le traigo esta india que no puedo con ella, aquí se la traigo”-, así, como si el Padre se la hubiera dado. El Padre se le portó bien, -“señora, pero usted no tiene vergüenza, de manera que después de haber hecho eso, después de haber reclamado nosotros al Presidente de la República y burlarse de nosotros; ahora esa muchacha que no sé qué le habrá hecho, usted la trae aquí después de vieja, haga usted lo que le dé la gana, y así como ustedes se la trajeron llévela entonces al sitio de donde la sacaron”.

Esto conviene que lo tenga en cuenta, los padres hicieron todo lo que pudieron, pero no han vuelto, y aún hoy preguntan –“Ay, Padre, ¿cómo están las niñas?” Pues, hasta hoy no han vuelto, ninguna de las que se llevaron ha vuelto.”

 
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