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Columna.  Augusto Guevara
Se ha hablado siempre del reparto del botín y, desde tiempos inmemoriales también, se tiene el concepto que ese sistema, por demás militarista, es completamente inmoral.  Sabida y aceptada su inmoralidad se tiene además que, en el caso venezolano, el reparto ha sido completamente ajeno a la equidad. Observen las redondeces adiposas y la adiaforesis del comandante en jefe y del comandante general, enfundados en costosísimos trajes y compárenlos con esos guardias nacionales famélicos y con uniformes raidos que reprimen y además arrebatan celulares y carteras a nuestros jóvenes y mujeres en los actos de calle de la oposición, porque el dinero de su paga, de su uniforme y de su casa también fue incorporado al botín que sólo disfruta la cúpula militar-civil que detenta el poder y que los somete a él, a su mujer y a sus hijos a acostarse por la noche sin haber ingerido alimentos, cual le pasa a la mayoría de los padres de familia venezolanos, civiles y militares.

Dicho sea esto sin perjuicio de que quien delinque será ejemplarmente castigado cuando, junto con la democracia, regrese la justicia a nuestro país. Comparen también a esos guardias- entendiendo por tales al guardia mismo, pero también al distinguido, al cabo, al sargento, al sub-oficial y aún a los oficiales de comandante para abajo hasta sub-teniente- con las “sabrosonas” vidas de los protagonistas de estas dos historias que voy a narrar y cuya veracidad no puedo certificar porque no me constan, aunque tampoco los señalados lo han desmentido.

Desde Madrid
Cuentan los periódicos de España que dos hijos de doña Cilia, habidos en su primer matrimonio, se fueron a vacacionar a la capital del Reino, lo que por cierto no tendría nada de malo si no fuera porque ni a ellos ni a su señora madre se les han conocido riquezas para poder costear una larga estadía en el hotel más lujoso y más caro, el Ritz, y tampoco para pagarse las abultadas compras en las tiendas más refinadas y costosas de Madrid: todos los días -según esas versiones periodísticas- salían del Ritz y regresaban por la tarde cargados con grandes bolsas de esas tiendas. ¿Cómo les parece, señores guardias nacionales?

Desde New York
Nos cuenta la periodista Maybor Petit, desde la ciudad de los rascacielos, que la señora Mónica Moura, esposa del especialista internacional que asesoró en la parte publicitaria de la última campaña electoral de Hugo Chávez, que ella -Mónica- se apersonó en el despacho de Nicolás Maduro cuando era canciller a requerimiento de éste, para cobrar los honorarios de su esposo. Dicho funcionario le canceló siete millones de dólares en efectivo, los cuales estaban colocados en una maleta -más grande según se ve que la de Antonini-. Protestó la señora porque, según la versión que nos da Maybor, ese monto correspondía solo a la mitad de lo adeudado a lo que contestó el canciller que los  siete millones restantes “están en esta otra maleta, pero son míos porque así fue ordenado por la familia Odebrecht, quién aportó el dinero”.

¿Cómo le parece, señor guardia nacional? Mientras ustedes pasan calamidades, aquí está la inequidad de nuestro país, grotesca e inmoral. La costosísima vida que llevan estos individuos no tiene precedentes en nuestra historia y contrasta profundamente con la realidad venezolana. Vergonzoso y lamentable. Ojalá ustedes reflexionen, por el bien de todos.

Tw.: @aguevaraanzola
 
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