GuidePedia

En la fiesta de la Asunción de María al cielo, los tachirenses ven en la Consolación el más perfecto reflejo de la unión íntima con Dios, después de Cristo
Prensa. lanacionweb.com
En su homilía, con motivo de los 417 años de la restauración milagrosa de la tablita de Nuestra Señora de la Consolación de Táriba, el obispo de la diócesis de San Cristóbal aseguró que, como Iglesia, ha tenido que ver a los venezolanos pasar hambre, al tiempo que, aseguró, los están ayudando.

“Hoy la Iglesia en Venezuela, y particularmente en el Táchira, ofrece sus brazos para acompañar a quienes están sufriendo y buscar lo necesario para quienes pasan hambre, para darles el consuelo y mantener viva la esperanza. Y no digan por ahí que hay gente que no pasa hambre, porque la hemos visto y la estamos ayudando”, señaló.

Ante tal afirmación del prelado católico, los fieles que escuchaban atentos sus palabras irrumpieron en aplausos.

Moronta aprovechó la oportunidad para agradecer a su “hermano en el episcopado”, el obispo de Cúcuta, monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, por la acogida y gentileza con la que atiende a los venezolanos que salen del país por la crisis.

Aseguró que: “(la Iglesia) A quienes se van del país, les ofrece la seguridad de su acompañamiento”. En este punto, se permitió agradecer a la Iglesia de Colombia, en especial a la de Cúcuta, “que recibe a tantos hermanos nuestros”, dijo. Según el obispo, monseñor Ochoa dio de comer a 60 mil venezolanos que pasaron la frontera recientemente.

Acompañado del obispo emérito de Mérida, monseñor Luis Alfonso Márquez, y de un buen número de sacerdotes del clero tachirense, monseñor resaltó el dolor de María en el momento en que recibió el cuerpo de su hijo Jesús, al ser este bajado de la cruz, y dijo que en ella “podemos ver el rostro de tantas madres heridas y llenas de dolor por la muerte de sus hijos a causa de la violencia, de la delincuencia, de la droga, de la maldad…”.

Habló contra el narcotráfico y quienes se dedican a estas prácticas nada cristianas. “Hay miedo de hablar contra el narcotráfico”, sentenció, y pidió que “ojalá -como dijo el papa Francisco- todos los que se dedican al narcotráfico sean declarados excomulgados de la Iglesia”. Y justo allí, los aplausos volvieron a interrumpir su alocución.

“No se entiende cómo los brazos de un discípulo de Jesús se puedan emplear para destruir la naturaleza y robarse los recursos minerales de los ciudadanos; cómo se utilizan para construir imperios de drogas y muerte con el tráfico de personas, la prostitución y la pornografía; cómo se puedan usar para empuñar armas contra la gente y contra el pueblo; cómo se ponen al servicio de la división y del fanatismo nacido de ideologías perniciosas. Un buen católico no presta sus brazos para hacer el mal”, puntualizó mientras los fieles aplaudían.

Finalizó su enseñanza pastoral poniendo en el altar “una ofrenda muy particular -y prosiguió-: Sabemos que Dios Padre la recibirá: en nuestros brazos, con su sangre y sudores, pero también con sus ilusiones y esperanzas traemos a Venezuela, para que el Señor le conceda paz, justicia y libertad”.

Con la atención de los fieles católicos reunidos en el atrio de la basílica, la liturgia de la Asunción de María al cielo continuó. En la consagración, en el momento de la elevación del cáliz, como es costumbre en este tipo de ceremonias, se entonó el coro del Himno Nacional.

Al término de la comunión y con la oración correspondiente según el misal, monseñor dio la bendición final, agradeciendo a los peregrinos por su fe y su compromiso cristiano con la Madre del Señor, además de rogar la maternal bendición de María de la Consolación.

Así transcurrió la procesión desde la Catedral a la Basílica
El clima fresco golpeaba el rostro de quienes caminaron, muy temprano, desde la Catedral de San Cristóbal, a los lados, delante o detrás, de la milagrosa imagen de la patrona del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación, una advocación mariana que cada año mueve a centenares y miles de feligreses hasta el atrio de la basílica menor ubicada en la Perla del Torbes: Táriba.

Peregrinos venidos de todas partes de la geografía tachirense, así como de otros estados e incluso del vecino país, honraron sus promesas ante la madre de Dios y agradecieron los favores y milagros que ella les ha conseguido de su hijo, Jesús. Una caminata marcada por el fervor que los cristianos manifiestan a una de las advocaciones de María más queridas en todo el país.

Rostros agradecidos, sonrientes, que inspiran calma, oración, recogimiento. Otros que, sencillamente, se aferran a la fe para no decaer en medio de sus lamentos y problemas. Rostros de ciudadanos que al recorrer con esperanza carreteras convertidas en caminos de fe, encuentran en la mujer con el Niño en brazos el consuelo de sentirse amados por un Dios que está presente en medio de su pueblo y lo manifiesta dejando a su amorosa madre caminar con ellos.

Para Wendy Rojas, esta procesión es muy significativa. Hace un año la hicieron ella y su novio, acompañados de sus familiares, pero hoy (ayer) ya no solo estaban ellos, iban acompañados de Sofía Antonella, una pequeña de apenas meses de nacida, que se convirtió en la razón más especial para acompañar a María del Consuelo hasta su santuario en Táriba: agradecer la vida de su pequeña y rogarle a la Virgen el bienestar de Sofi -como la llaman cariñosamente-, la estabilidad del país y la unión familiar.

Descalzar no solo los pies sino el corazón
Muchos caminantes pidieron a La Consolación un milagro y al ver satisfecha su necesidad, prometieron acercarse a la iglesia este día 15 de agosto descalzos. Una manera más de agradecer que la Reina del Cielo se fijara en ellos e intercediera ante Jesús por sus necesidades.

Ramón Gutiérrez era uno de los que caminaba descalzo por el caliente asfalto. “Lo hago porque quiero pagarle a la Virgen la curación de uno de mis hijos. Nació con una enfermedad que parecía que nos lo iba a quitar muy rápido. Una vecina me recomendó venir y ponerlo a los pies de la Virgen. Lo hice y mi hijo empezó a mejorar. Ahora tiene 17 años, está sano”, contó.

Agregó, además, que si bien es cierto, Dios no quiere que la gente haga grandes sacrificios, él camina descalzo como muestra de humildad. “Descalzarse es fácil. Te quitas los zapatos y ya; lo realmente difícil es descalzar el corazón. Me refiero a dejar el odio, el egoísmo, los malos deseos. Dejar fuera de nosotros todo aquello que no nos hace bien. De eso se trata, realmente esta procesión. De encontrarnos con un amor tan perfecto como el de María y de intentar, como ella, de descalzar ese duro corazón y ponerlo al servicio de los demás”.

Kevin tiene 17 años. Iba descalzo por la calle. A la altura de la Escuela Técnica Industrial Robinsoniana Eleazar López Contreras, en la avenida Libertador, se detuvo a tomar agua. Se le veía rozagante. A esa edad es sencillo tener la fuerza suficiente para caminar kilómetros y no mostrar ni un ápice de agotamiento. No siempre fue así. Kevin agradece a la Virgen el milagro de su salud. “Estoy pagando promesa”, dijo.

Ese descalzar el corazón, ser generoso, es lo que José Gregorio Mendoza ha venido haciendo desde hace 6 años. Él cuenta que tiene muchos años caminando en honor a la Virgen de Táriba, pero hace poco más de un lustro decidió hacer algo más que caminar. Compró una imagen de la Virgen de más o menos 90 centímetros y luego de cargarla durante todo el recorrido, al llegar a la basílica, elige al azar -o a la mano de Dios- a una persona y la regala. Eso, dice, le llena de mucha esperanza y, sobre todo, de fe.

La madre de todos que regresa a su casa
Apostada en el puente Libertador, sobre el río Torbes, la banda show Juventus esperaba a la venerable imagen de la Consolación, que iba en su camerín escoltada por sacerdotes y fieles. Según las estimaciones de la alcaldía del municipio Cárdenas y de Protección Civil Táchira, al menos unas 300 mil personas habrían visitado a la Virgen este martes.

En la procesión se dejaron ver representantes del oficialismo y de la oposición, entre los que destacan la primera dama del estado, Karla Jiménez de Vielma; la secretaria de Gobierno de la gobernación, Mirian Febres; el alcalde del municipio Cárdenas, Ricardo Hernández; el diputado y candidato a la gobernación, Juan Requesens. Caminaron en armonía, demostrando que María es la madre de todos.

El burgomaestre de la jurisdicción manifestó sentirse muy orgulloso de ser el alcalde de de Cárdenas, pues considera que -junto a La Grita- es el epicentro de la fe en la entidad. “Hay mucha gente que viene desde distintos sectores del Táchira y de más allá a pedirle a la virgen, y más que pedirle a agradecerle por los favores y por la protección que nos da día a día”, dijo.

Karla Jiménez de Vielma, por su parte, se mostró contenta con la actividad y aseguró que se encontraba procesionando junto a la Virgen María por un pedido especial: la paz en Venezuela. Junto al equipo del gobierno regional, la primera dama del estado, caminaba a la par del rezo del Santo Rosario.

Juventus es la única banda que desde hace 8 años recibe en este mismo lugar a la madre de todo un pueblo que regresa a su casa anualmente para rendirle sendos tributos.

Al ritmo de melodías cristianas, Juventus dio continuidad a la procesión dentro de la Perla del Torbes. Guiando la caminería por la avenida uno de Táriba y empalmando con la calle 8. Allí esperaban a la Virgen los integrantes de la fundación cultural Renacer Taribense. Ellos, guiados por Rafael Rubio, organizaron ‘un canto por la libertad’, “como forma de protesta por la situación del país”, dijo.

En esta calle detuvieron la caravana religiosa frente a una especie de unidad móvil en la que la niña Maryi Chacón interpretó el tema ‘Virgen de Consolación’, del ya fallecido Evencio Ríos Romero, hijo ilustre de Táriba y creador de la serenata a la Virgen, según cuenta César Chacón, del comité de Cultura y organización de la fiesta a Nuestra Señora de la Consolación.

Sin más dilaciones, la procesión avanzó hasta tomar la carrera cinco, para llegar al atrio de la basílica, la casa de María. Allí se dispuso todo para la celebración de la eucaristía, presidida por el obispo de la diócesis de San Cristóbal, monseñor Mario del Valle Moronta.

Un pueblo ferviente, alegre, lleno de jóvenes que entonaban cantos y demostraban su amor a la madre de Jesús se dejó ver en miles de rostros que caminaron poco más de 6 kilómetros, desde la catedral del Táchira hasta el templo erigido en honor a Nuestra Señora de la Consolación.

 
Top