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Prensa. @josegbricenot
Las negociaciones con tiranos nunca han traído buenos resultados, si partimos de una verdad indiscutible: no cumplen lo que prometen o lo que acuerdan. Para un país en ruinas lo impostergable es sacarlos del poder con condiciones de cambios reales. ¿En que nos beneficiaría que cambiaran a Maduro por otro de esos esbirros?

Utilizan las negociaciones usualmente cuando están acorralados por el descontento de las masas que alguna vez los llevaron al poder y con estas pausas, caminos tortuosos, laberintos, logran mantenerse más y más tiempo gozando de lo robado mientras oprimen a quienes son sus víctimas: el pueblo. Venezuela sigue esa senda ya transitada por otros y matemáticamente se calcan los hechos: logran extra innings, ridiculizan y despedazan a la oposición, desalientan a la comunidad internacional y finalmente quedan atornillados en los tronos de la corrupción y la destrucción. La versión venezolana de este engaño o crónica de una negociación falsa supera con creces la burla y manipulación pues los marioneteros de Maduro y sus cómplices (los tiranos de Cuba), tienen harta experiencia.

De ser un país que en el año 1956 tenía la moneda más estable y valiosa del continente, superando el dólar y en 1957 teníamos el ingreso per cápita más alto del mundo, pero para desgracia de la patria llegó el Intergaláctico Supremo, Hugo Chávez, y acabó con el futuro de muchas generaciones. Literalmente, nuestros hijos y nietos perdieron la originaria oportunidad como venezolanos de disfrutar de un país en crecimiento, con muchas oportunidades para crecer y prosperar honradamente. Les tocó ver como los niños crecen desnutridos, como tanta gente come de la basura, saben que estudiar no es una opción de futuro y muchos emigran porque no quieren seguir viendo a su patria caerse a pedazos.

La tragedia que se está viviendo en mi patria no tiene parangón en todo el globo terráqueo. Es increíble cómo el país que tiene la reserva de petróleo más grande del mundo y el 6to con mayores reservas gasíferas, esté padeciendo las calamidades que padece a causa del fenómeno hiperinflacionario que afecta tangencialmente la vida de todos los venezolanos. Según los investigadores de la Universidad Johns Hopkins, Steve Hanke y Nicholas Krus, la hiperinflación en Venezuela es la número 57 documentada en todo el mundo; la segunda del siglo XXI, después de la de Zimbawe y la segunda hiperinflación de un país de la OPEP, pero es la primera en un país de esta organización sin guerra civil.

Con un salario que no alcanza para cubrir las necesidades más esenciales, se convirtió en algo cotidiano ver a más de dos millones y medio (2.500.000) de venezolanos hurgando en la basura buscando de qué alimentarse. Se contabilizan por miles los enfermos que están muriendo de mengua por falta de medicamentos y los niños que mueren por desnutrición. La deuda externa, rebasó los 200 mil millones de dólares y los niveles de pobreza y pobreza extrema jamás habían sido tan altos. Todo esto era impensable, antes de la llegada del comunismo a nuestra amada Venezuela.

Ante la ausencia de datos oficiales, publicados por el Banco Central de Venezuela, Econométrica, junto con el Parlamento y otras entidades privadas, calcularon la inflación del mes de octubre en 50,6% más que el mes anterior, dando paso a lo que técnicamente se conoce como hiperinflación. Eso, en términos de economía doméstica se traduce en un aumento del costo de la vida en el que el salario mínimo integral de Bs. 456.507,55 que, de paso, no todos los venezolanos tienen la dicha de percibir, solo alcanza para cubrir el 9% de sus necesidades básicas, según lo señala el economista Guillermo García.

¿Cómo llegamos a este punto? Pues con la habilidad del binomio socialismo del Siglo XXI + narcotráfico, instaurado durante el gobierno del Intergaláctico, agravada con la contracción económica profunda en la que nos ha sumido su heredero. Entre las causas más significativas de esta crisis, podemos mencionar la emisión descontrolada de dinero por parte del BCV y el descenso de bienes en el mercado a causa de la caída de la producción y la corrupción. Más de 4 millones de hectáreas productivas fueron expropiadas para dejarlas en el abandono. Igual suerte corrió el parque industrial del país, sometido a controles confiscatorios y a presiones violatorias del estado de derecho, constriñendo a la empresa privada a producir a pérdida so pena de ser expropiados y/o arrestados sus dueños.

Así, más de 8000 industrias han cerrado en Venezuela y más de 30 aerolíneas internacionales han dejado de operar en el país. Por si fuera poco, la industria petrolera que proveía el 80% del presupuesto, ha sido agotada por la ausencia de políticas de inversión y el aumento de la “inversión social” que al no retornar de ninguna forma, se convierte en un vulgar gasto público asumido por todos los venezolanos. Sin producción nacional y sin ingresos por renta petrolera, el narcogobierno optó por macabro endeudamiento público pagadero en dólares que ya no podemos conseguir, dando en garantía las reservas. Aún así, con el país destruido y empeñado, el Narcogobierno no cesa en su ambición de perpetuarse en el poder busca “solventar la crisis” haciendo aumentos artificiales (con dinero virtual que es peor que el inorgánico pues ni siquiera encontramos efectivo circulante en la calle), del salario mínimo de los trabajadores (39, desde que comenzó la Revolución Bolivariana en 1999).

Las riquezas de Costa Rica, mi patria de acogida, no pueden compararse con las que tiene Venezuela pero es un país estable, con libertad económica en la que se respeta la independencia de poderes y la propiedad privada como derecho fundamental y por eso, es referencia de crecimiento económico y ejemplo de prosperidad de una sociedad. Lamentablemente, quienes desgobiernan mi país, no tienen voluntad de cambio. La única política económica que se perfila es la de la improvisación y su único objetivo es legitimarse en el poder a costa del hambre y la necesidad de su pueblo y su divisa, el narcotráfico y el terrorismo internacional. Eso, afortunadamente, ya lo sabe el mundo.

Por eso, estoy convencido que la salida de ese narco-régimen será definitivamente violenta, bien sea por insurrección popular, por golpe militar o por intervención extranjera. Solo le pido a Dios que el fin llegue pronto y que el costo social sea el menor posible. Los preparativos y entretelones del diálogo en Venezuela no revelan buena vibra, están plagados de reconocimiento al profanador de libertades. ¿Sino cómo se entiende que pidan “que se le devuelvan las potestades a la Asamblea Nacional”? Ni siquiera el decoro de dejar claro quién tiene la ley de su lado. Mientras tanto hasta los atletas presentan desnutrición en mi país.

Desde mi particular cárcel del exilio, en tiempos de adviento, oro por el fin de este nefasto capítulo de la historia de mi patria y ruego por el restablecimiento de la democracia y la sindéresis de los dirigentes políticos de Venezuela. Mientras tanto, seguiré dando la pelea con lo único que me queda MI PLUMA y MI PALABRA.

José Gregorio Briceño Torrealba
“El Gato” Briceño
@josegbricenot
 
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