Nicolás Maduro aspira a la reelección pese al alto rechazo dentro y fuera de Venezuela.

Prensa. Efecto Cocuyo.
Nicolás Maduro Moros tiene muchas caras. Para algunos es el “Presidente obrero”, el “candidato de la patria” y el “hijo de (Hugo) Chávez”, para otros es el “candidato del hambre”, un “Judas de la revolución” y un “dictador”.

El heredero del chavismo ha gobernado el país durante cinco años y aspira ser reelecto el próximo 20 de mayo en un proceso electoral cuestionado y desconocido por al menos 15 países del continente americano, la Unión Europea, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

Su popularidad cayó como lo hizo el precio del barril de petróleo. A un mes para la elección, el candidato oficialista registra 22% de intención de voto y su rival Henri Falcón lo supera por 12 puntos porcentuales, según la encuestadora Datincorp.

El político enfrenta además un proceso judicial en su contra que fue ordenado por los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en el exilio y aprobado por la Asamblea Nacional (AN) de mayoría opositora. Un enjuiciamiento que podría concluir con su condena por hechos de corrupción y que supone su inhabilitación como candidato presidencial, según señalan los abogados constitucionalistas José Vicente Haro y Perkins Rocha.

El temperamento de su mandato se ha ido perfilando con el despojo de las atribuciones de la AN, el encarcelamiento de opositores, la inhabilitación de partidos políticos, la manipulación de la ley electoral para aventajar al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y la instalación de un “suprapoder” que se erige sobre la Constitución: la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

El exministro chavista y expresidente de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) Rafael Ramírez expone la personalidad del madurismo dentro del Polo Patriótico en su artículo Las Caras de Judas, publicado el 1 de abril en Aporrea: “Es Judas, con sus distintas caras en el madurismo, pero siempre es él mismo, con sus rostros y actitudes: sus mentiras y engaños; su cinismo; violencia, intolerancia; su fiesta, indolencia; improvisación; deslealtad; prepotencia y adoración al poder y deidades extrañas. Es Judas, el traidor al pueblo venezolano (…)

“Se ha traicionado a los militantes del Psuv, ¿Dónde está la democracia participativa y protagónica? ¿Dónde está la Dirección Nacional electa en el último Congreso del Partido? ¿Quién discutió la candidatura del madurismo? Es el irrespeto, el autoritarismo de Judas”, sentencia quien fue muy cercano a Chávez.
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