OPINIÓN: La templanza, la trampa y los “herederos” de Bolívar Por Jorge Montenegro - SenderosdeApure.Net

Recientes

CASA: AUDIO: PROCLAMA YO AMO APURE

miércoles, 30 de enero de 2019

OPINIÓN: La templanza, la trampa y los “herederos” de Bolívar Por Jorge Montenegro

Opinión. Jorge Montenegro.

No he querido escribir sobre la coyuntura política, porque la dinámica informativa ha estado muy movida. La proclamación como presidente encargado por parte de Juan Guaidó hubiera parecido el año pasado una bravuconada opositora radical, como el “abandono del cargo” o cualquier tontería promovida por Maria Corina. Hoy es una realidad.

La templanza
Hace una semana salí a marchar. Sin esperanza que ocurriera algo, con la emoción de tomarme mi primera farandiselfie -trabajé para el Estado por 11 años- y mi recompensa fue sentir la alegría de ver tanta gente en la calle. A pesar que ya 4 millones de compatriotas se han ido del país (y han roto afectivamente con el chavismo, los que fueron), creo que ni Capriles ni Chávez juntos llevaron tanta gente a la avenida Bolívar de Maracay.

Esa imagen y ese olor a esperanza fue el premio para un pueblo que no se rinde, pero si descansa. Parece que con el #GuaidóChallenge por fin entendimos que Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello son unas viejas marica chismosas, y que más nunca debemos perder el foco, sin que eso signifique que no critiquemos a nuestros políticos.

La trampa
En estos días Roger Stone fue a la cárcel. Para quienes no conocen al personaje, es el asesor comunicacional de los republicanos. Hace poco vi un documental sobre sus técnicas, y realmente es un genio de la manipulación política. Un Jorge Rodríguez, pero con esteroides.

El chavismo siempre nos ponía a nosotros en dilemas perder / perder, tales como votar o no votar. Si lo hacíamos, reconocíamos a la dictadura, pero si no, ellos ganaban todo. Y no importaba el resultado, siempre nos caíamos a cuchillo”perdimos Baruta”, “los gobernadores adecos son todos infiltrados” y la oposición venezolana naufragaba hacia la nada.

Hoy el chavismo tiene varios dilemas parecidos. Por ejemplo, dijeron que el embajador de Estados Unidos tenía 78 horas para salir del país, pero el representante norteamericano respondió que el presidente de Venezuela es Guaidó. Si Maduro ordenaba atacar la embajada, Estados Unidos podía reaccionar militarmente, ya que es un acto de guerra. Si no lo hacía, quedaba demostrado que el dictador no tiene poder real para hacer lo que le da la gana.

Finalmente el chavismo decidió “dar un mes de prorroga” y abrir una “oficina de intereses”, mientras Norteamérica grita en la ONU que el presidente es Guaidó y el personal venezolano en los consulados de medio mundo reconocen a la Asamblea Nacional como único poder legítimo.

El chavismo tiene varias alcabalas similares, en las cuales tendrá que elegir entre dar una excusa para una intervención militar o dejar a Maduro ante Venezuela y el mundo como un presidente débil. Su espíritu de supervivencia lo llevará a aceptar la ayuda humanitaria y dejar en libertad al presidente encargado.

Los “herederos” de Bolívar
Un amigo -chairo, de izquierda, como quieran denominarlo- Me reclamó que por qué yo estaría de acuerdo con una intervención internacional. En primer lugar, llegamos al acuerdo que el alto mando militar es demasiado corrupto como para dar la espalda a Maduro y que si no se saca a los militares venezolanos de su papel de “árbitros”, nada va a cambiar.

En Venezuela, una persona con poder y armas es un Pran. No importa si viste verde oliva.

Además, si Venezuela como “fuerza extranjera” no hubiera intervenido en Perú, Ecuador y Bolivia, aún serían colonia española.

El sector militar ha estado bajo el dedo acusador de la corrupción desde el “Plan Bolívar 2000”. Más aún, Chávez metió la ideología en los cuarteles en detrimento del conocimiento técnico. Allí vemos a la Unefa, donde cualquier güebón se gradúa, muy distinto al Iupfan, que si te raspaban 2 materias, te botaban.

El sector más fuerte de nuestro ejército es la fuerza aérea. Pasamos de ser el primer país de Latinoamérica con aviones de 4ta generación a 3 helicópteros (una con apenas 36 horas de vuelo restantes) un F16 canibalizado y los Sukoi, bueno... deben estar en Baemari (El Sombrero).

Venezuela no es amenaza para Estados Unidos. Tampoco lo es para Brasil o Colombia. China quiere sus reales y se tiene una deuda impagable con Rusia. El sector militar no solo lo sabe, también tiene una Ley de Amnistía y la corresponsabilidad de tantos años de hambre y miseria para un país que los ha visto como un ejército de ocupación de su propia desgracia, a cambio de carros Cherry, neveras Hier y ahora apenas una caja de comida.

Aquellos hombres que acabaron con Boves y Monteverde murieron hace 200 años. Hoy en nuestro ejército tenemos a unos irresponsables vividores, sin conocimiento técnico ni valores. Y eso que los soldados de Bolívar no tuvieron academia militar, eso vino después de Gómez.

Hoy el árbitro de Venezuela no es el ejército, sino Estados Unidos y casi todo el continente americano.

Finalmente Estados Unidos dio una estocada final. En su condición de primer país productor de petróleo del mundo, decidió tomar la palabra de la clase política venezolana, que les insultó y acusó por 20 años de ser los malos de nuestra novela latinoamericana, mientras se robaban más de 300 mil millones de dólares. A partir de este mes, PDVSA no recibirá ni un centavo de empresas americanas, lo que representa el 80% de los ingresos de la petrolera, sin que esto signifique un alza de los precios de combustible para los norteamericanos.

Por otro lado, los recursos en tránsito irán a cuentas en el extranjero de la Asamblea Nacional, único poder legítimo del país, y a su presidente Juan Guaidó, la administración de Citgo.

Este es el panorama al día de hoy. Como dijo un amigo aficionado a los videojuegos “yo no sé si esto terminará bien, pero nunca habíamos desbloqueado este nivel”.

Las cosas continúan su curso. Sigamos esperando y tengamos fe. Pero eso si, mantengámonos en la vía pacífica. Ya son otros los que tienen la amenaza de una violencia mayor.