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martes, 5 de febrero de 2019

Centro de tensión en crisis política en Venezuela: Ayuda humanitaria

Prensa. El Nuevo Herald.

El presidente interino Juan Guaidó, que asumió poderes ejecutivos desde el 23 de enero, dice que la asistencia humanitaria es clave para salvar la vida de miles de venezolanos enfermos y hambrientos en medio del desplome económico que afecta al país sudamericano.

Maduro —quien también se considera presidente— afirma que los planes de ayuda son parte de una trama más amplia para derrocarlo. Y alega que lo que Estados Unidos debe hacer es levantar las sanciones financieras y petroleras y dejar que el país haga lo suyo.

En Cúcuta, una ciudad de unos 800,000 habitantes y ubicada en la frontera con Venezuela, será una de las primeras áreas de preparación para almacenar asistencia humanitaria, dijo Miguel Pizarro, legislador de la oposición venezolana que coordina el esfuerzo. Otras zonas de preparación se designarán en Brasil y el Caribe.

Pero llevar la asistencia al otro lado de la frontera sin ayuda de los militares venezolano, que en lo fundamental se mantienen fieles a Maduro, será un reto, reconoció Pizarro.

“Nuestra capacidad logística es limitada”, dijo. “Estamos diciendo a las fuerzas armadas que tienen una gran responsabilidad de dejar pasar la ayuda. Ellos también necesitan asistencia, en sus cuarteles, para sus familias… Queremos que sepan que esta asistencia beneficiará a todos”.

Estados Unidos ha prometido $20 millones para el esfuerzo y durante el fin de semana el jefe de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional publicó fotos de cajas de alimentos decoradas con la bandera estadounidense, que dijo estaban destinadas a Venezuela.

En las redes sociales se han publicado numerosas imágenes y mensajes que supuestamente muestran a militares colombianos y estadounidenses destacados en la frontera para entregar la asistencia, pero tanto Bogotá como Washington lo han negado y en el terreno no ha señales de que eso esté sucediendo.

Mariana Latuff, una pastelera de 30 años, hizo un recorrido de 10 horas en autobús desde Maracaibo hasta el puente internacional en Ureña, Colombia, en las afueras de Cúcuta, donde no hay señales de convoyes o presencia militar extraordinaria. Sentada junto a una acera y rodeada de maletas vacías, Latuff dijo que planea regresar a Venezuela con harina, aceite de cocinar y cualquier otro alimento básico que pueda conseguir. Pero el motivo principal de su viaje fue buscar un medicamento anticonvulsivo para su esposo.

 “Ya no podemos encontrar la medicina, y cuando la encontramos no la podemos comprar por el costo”, dijo. Un frasco de 10 píldoras cuesta unos 20,000 bolívares, equivalente a 8 dólares, una suma imposible de pagar en un país donde el salario mínimo mensual es el equivalente a 7.50 dólares. Al preguntársele si Venezuela necesita asistencia internacional, Latuff dijo: “Mucha, y ponga eso en mayúsculas”.

Pero Maduro no concuerda. El lunes anunció que lanzará una campaña para rechazar la ayuda, que dijo es parte de un plan de invasión de Estados Unidos. “No queremos una invasión gringa. Queremos paz”, dijo.
Pero cómo se transportará la ayuda, particularmente sin la cooperación de las fuerzas armadas, es un misterio. Pizarro no desecha la idea de que fueras de seguridad colombianas o estadounidenses ayuden a proteger los cargamentos, particularmente a lo largo de las zonas fronterizas.

Pero la gente de Guaidó espera que eso no sea necesario, y quisiera ver un ejército de miembros de la sociedad civil, grupos religiosos, médicos y entidades sin fines de lucro que formaran un “corredor humanitario” para llevar medicamentos y alimentos a los más necesitados.

“No va a ser una invasión ni una fuerza de ocupación”, dijo Pizarro. “Eso es un asunto de salvar vidas”.

En cierto sentido, entre los dos países ya existe un corredor. Cada día, unos 80,000 venezolanos cruzan la frontera a Colombia para comprar alimentos, medicinas y otras cosas que ya no existen en su país. Y aunque la gran mayoría regresa a casa, unos 5,000 se queda a diario en Colombia o siguen camino a otros países de la región. En los últimos años, unos 3.3 millones de venezolanos han huido de su país, la mayor ola migratoria en la historia reciente de América Latina.

Rey Peña, un caraqueño de 23 años, estaba en el puente internacional vendiendo medicamentos contra la hipertensión y píldoras anticonceptivas a sus paisanos que salía de Colombia. Peña dijo que los medicamentos básicos escasean tanto que el país necesita toda la ayuda posible. Y no le preocupa que un esfuerzo internacional grande elimine su negocio.

“Ellos pueden aceptar la asistencia y cubrir las necesidades de la gente un día o dos, ¿pero qué pasa después de eso?”, preguntó. “Al final tendrán que venir de nuevo a mí”.

Pizarro está al tanto de que la asistencia internacional no es la solución a largo plazo y que lo único que puede salvar el país es un nuevo liderazgo y la reactivación de la economía, dijo.

Guaidó —con el respaldo de Estados Unidos, Canadá, Brasil, Colombia y una docena de otras naciones— ha pedido a Maduro que deje el cargo y abra el camino a nuevas elecciones. Maduro dice que tiene el derecho a gobernar hasta el 2025.

Pero el impasse en lo relativo a la asistencia es una prueba clave para los dos hombres. Guaidó necesita probar que su gobierno puede abordar las necesidades del pueblo, aunque no tenga ningún poder real. Por su parte, Maduro tiene que probar que sigue controlando a los militares y las fronteras del país.

Pizarro dijo que la primera ola de asistencia vendrá de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, junto con empresas venezolanas con operaciones en Colombia. Una vez que los insumos lleguen a cierto nivel, los llevarán al otro lado de la frontera, dijo.

“No queremos usar la tragedia de Venezuela como una herramienta de propaganda. [La asistencia] tiene que ser efectiva, tiene que ser suficiente para cambiar y salvar vidas”, afirmó.

Margarita de Urea, una pastor evangélica venezolana de 70 años, dijo que el ascenso meteórico de Guaidó y las perspectivas de que la asistencia logre cruzar la frontera son cosas de intervención divina. “Dios ha extendido su mano para sacar a Venezuela de este desastre”, dijo. “Lo puedo sentir”.