APURE: San Fernando; El Restaurant Cantaclaro aquellos tiempos de arepas y tostadas por Hugo Arana. (CRÓNICA) - SenderosdeApure.Net

Recientes

CASA: AUDIO: PROCLAMA YO AMO APURE

martes, 30 de junio de 2020

APURE: San Fernando; El Restaurant Cantaclaro aquellos tiempos de arepas y tostadas por Hugo Arana. (CRÓNICA)


 “Un pueblo sin historia es como un paciente de Alzheimer en fase terminal”…
HARPA

Crónica. Hugo Arana Páez (HARPA)

INTRODUCCIÓN:
En esta quinta entrega de la serie de ensayos históricos titulados HISTORIA AMENA; me referiré a un popular y conocido restaurante de San Fernando, que estuvo activo desde comienzos de la década de los años cuarenta de la centuria pasada hasta finales de los años sesenta. En honor a esa fonda, he nombrado esta monografía SAN FERNANDO: EL RESTAURANTE CANTACLARO O AQUELLOS TIEMPOS DE AREPAS Y TOSTADAS; asimismo se hará un acercamiento a la evolución del más importante pan apureño, la arepa y su modalidad, la sabrosa, conocida y hoy desaparecida TOSTADA que era la vedette de ese mesón. Asimismo se hará una aproximación biográfica a sus propietarios y al hinterland del popular negocio, como fueron el CINE TEATRO ROYAL (actual Tiendas Las Maravillas) y la tienda EL PAN GRANDE donde ahora se halla un edificio de dos plantas (engalanado con paredes de piedra) donde se hallan varias tiendas por departamentos.



Una vez más doy las gracias a los fotógrafos profesionales o aficionados a este hermoso arte, quienes con sus bonitas imágenes facilitan la reconstrucción de la historia de la capital del llano venezolano. En esta ocasión agradezco al amigo ARTURO ALVAREZ D´ARMAS quien con su acucioso lente plasmó para ustedes las viñetas que hoy ilustran este ensayo. En la serie de imágenes destaca la modesta vivienda pintada de azul que en una época alojó al RESTAURANTE CANTACLARO y a la familia de sus propietarios; el resto de viñetas corresponden al entorno o HINTERLAND de esa popular fonda.



1. EL RESTAURANTE CANTACLARO Y LAS DELICIOSAS TOSTADAS
EL RESTAURANTE CANTACLARO, era propiedad del apureño Luís Castillo, quien había sido un consumado fabricante de zapatos que los elaboraba en fino cuero de res y quien tuvo su taller en la Calle Bolívar, entre calles Juan Pablo Peñaloza (actual Boulevard) y la Calle 24 de julio. Este artesano había aprendido el oficio de un experto zapatero italiano conocido como Luís Liporacci, quién lamentablemente los últimos años de su existencia los vivió en la indigencia.


 

Años más tarde, Luís Castillo dejaría el taller de zapatería y fundaría a principios de la década de los años cuarenta el RESTAURANTE CANTACLARO, seguramente el emprendedor zapatero, como casi todos los apureños de entonces, leería la novela CANTACLARO que en el año 1934 publicara con tanto éxito el novelista, ensayista, cuentista, cineasta, poeta, dramaturgo y político Rómulo Gallegos. Probablemente esa obra sobre la llaneridad, mejor dicho sobre la apureñidad influiría en el ánimo del incansable Luís Castillo y en honor a esa popular obra y a su tierra, nombraría a su negocio RESTAURANTE CANTACLARO, que con el transcurrir de los días sería un destino gastronómico y una popular fonda ubicada en una casona de tres amplios portones, dos que miraban a la Bolívar y uno que daba hacia la 24 de julio (todavía se conserva esa vivienda) y donde orgulloso colocó en la fachada dos bonitos y enormes anuncios donde resaltaban las palabras RESTAURANTE CANTACLARO; uno que miraba hacia la Calle Bolívar y el otro a hacia la 24 de Julio.

 


Dado que el caserón donde estaba EL CANTACLARO, era muy amplia (ocupaba media cuadra de la Calle 24 de julio), permitió que Don Luís y Doña Margot, se instalaran con su negocio junto a su familia. Esta fonda se hallaba en el ángulo noroeste del cruce de las calles Bolívar y 24 de julio, exactamente diagonal al desaparecido Cine Royal y que por cierto, le dio nombre a la popular ESQUINA CANTACLARO. Este restaurante fue pionero en la especialidad de TOSTADAS, pero además vendía comida nacional e internacional que afanosa preparaba la esposa de Don Luís, la arichunera Doña Margot Arana de Castillo, quien cual afamada Chef en su cocina, al frente de sus ayudantes, se esmeraba en cocinar mondongos de toro negro, sopas de res, sopas de gallina negra o de pato; asimismo pastas y carnes en casi todas las variedades, empanadas, pastelitos, arepitas fritas espolvoreadas de queso blanco llanero, orejitas; postres como Pound cake (los conocidos Ponqué ja, ja, ja), tortas de pan, quesillos, dulces de lechosa, de higo, de leche; mientras que en la barra, los empleados hacían magia aderezando los apetitosos sándwiches de pan cuadrado a la par que vendían cigarrillos y preparaban café, batían jugos y bebidas chocolatadas como Toddy y Ovomaltina.

 


En el CANTACLARO, habían diez mesitas con cuatro sillas cada una (eran los populares juegos de comedor PANTRY a base de aluminio y fórmica, ya no se encuentran ni pa´ remedio ja, ja, ja). Me cuentan viejos apureños que cada una de las mesitas estaba numerada y sobre ella pendía un cable del cual colgaba un botón que el comensal presionaba y enseguida un ruidoso timbre sonaba en la barra, señal que uno de los clientes solicitaba la atención de uno de los meseros, por eso en el CANTACLARO no se escuchaban los desagradables y escandalosos lecos ja, ja, ja.

 

En ese restaurante había un salón reservado, donde había cinco mesas de madera, adornadas con un bonito mantel de cuadros rojos y blanco o verdes y blancos y rematadas por un lindo florero, indicadores de que ese lugar era exclusivo para personajes importantes, conocidos entonces como PESAOS ja, ja, ja, o gente de plata. En ese reservado, el novio esperaba ansioso a la enamorada, quien junto a su madre o acompañada de una adusta tía solterona con su cara bien amarrada, conocidas en esa época como CHAPERONAS, cenarían y después bien jartas ja, ja, ja, asistirían a una de las funciones del TEATRO CINE ROYAL.

 


2. EL RESTAURANT CANTACLARO Y SU HINTERLAND
San Fernando fue y aún hoy sigue siendo el principal centro urbano que atiende las necesidades de los habitantes de caseríos y poblados del noreste de Apure y el suroeste de Guárico, cuyos habitantes están vinculados a esta ciudad , por cuanto, en ella satisfacen sus necesidades relacionadas con servicios como: educación, salud, bancos, comercios, transporte (terrestre y aéreo), entretenimiento, empleo y gastronomía. Por supuesto, EL CANTACLARO ocupaba una situación geográfica privilegiada, por cuanto, se hallaba en el centro de la ciudad y una envidiable posición geográfica, ya que diagonal funcionaba el popular TEATRO CINE ROYAL, una concurrida sala de espectáculos adonde masivamente acudían en las tardes los sanfernandinos, quienes entre función y función esperaban en EL CANTACLARO degustando alguno de los sabrosos platos del menú o algún refrigerio. Mientras que en el lobby del Royal los muchachos se apostaban a intercambiar o vender suplementos (comiquitas en revistas) y al liquidar su mercancía, adquirirían el boleto para entrar a ver la película de su predilección y con lo que les sobraba se dirigían al CANTACLARO a tomarse un sabroso vaso de TODDY, OVOMALTINA o a degustar un quesillo o un dulce de lechosa y de ahí entrar al cine ¿Maluco? ja, ja, ja.

 

También los vendedores de chucherías se apostaban a las puertas del cine como: Mango piache un italiano que vendía raspados; asimismo los vendedores de chicha, de maní salado o de frutas. Por cierto, había un manco apodado Maní Maniao, era mocho de una pierna quien en una mesita de madera vendía catalinas, gofios, alfeñiques, rosquitas, empanadas de pandehornos y chancletas (una especie de catalina alargada, por cierto, muy tostada pero muy sabrosa). Frente al CANTACLARO (ángulo suroeste del cruce de las calles Bolívar y 24 de julio) había una hermosa casona de anchas paredes de adobe, de enormes portones de madera y techo de tejas, donde la esposa de don José Faoro, la señora Ángela Estévez, tenía una magnifica tienda de regalos llamada El Pan Grande, lo que ahora se conoce como Boutique adonde acudían las novias a encargar su lista de bodas.

 


Pero volviendo con las TOSTADAS de El CANTACLARO, se puede decir que este exquisito plato era comercializado no solamente en ese negocio, sino por vendedores ambulantes en las calles del pueblo. Por cierto, había un muchacho (entre muchos, pero medio tostado ja, ja, ja), apodado EL LOCO ROGELIO, quien trajinando del timbo al tambo por las calles de San Fernando con un azafate atestado de apetitosas TOSTADAS sobre su cabeza, anunciaba a todo leco ja, ja, ja.

 

¡TOSTADAS, TOSTADAS, LLEVO LAS TOSTADAS! Por cierto, cuando algún malintencionado parroquiano le preguntaba de manera jocosa, -más bien de una manera socarrona-… ¿Son de bicho muerto? Ante la burlona pregunta, Rogelio pausadamente colocaba en la acera el azafate (bandeja artesanal de madera, donde el pregonero llevada las tostadas) y furioso comenzaba a lanzarle piedras al mamador de gallo que le había formulado la sarcástica pregunta. Por supuesto, ante esa chanza o inusual espectáculo, los asiduos visitantes de la Plaza Libertad o cuerdita de vagos GOZABAN UN PUYERO ja, ja, ja.

 


En San Fernando hasta finales de la década de los años cincuenta del siglo veinte se consumía mucho la TOSTADA, una arepa normal que después de elaborada se dejaba reposar, luego se rellenaba con picadillo, pisillo de carne de res, pisillo de pescado, pisillo de chigüire, carne mechada o la mayoría de las veces el relleno era a base de queso (entonces el kilogramo de ese alimento era muy barato ja, ja, ja); luego se rebosaban en huevo batido y se freían en manteca de cochino (a pesar de comer ese mantequero, eran escasos en San Fernando los pacientes de enfermedades cerebrovasculares ja, ja, ja). Por supuesto, LA TOSTADA) era muy solicitada y más deliciosa sabía si estaba rellena con BICHO MUERTO, como le espetaban los parroquianos de entonces al Loco Rogelio ja, ja, ja.

 

Por cierto, de LA TOSTADA quedó el aforismo… NO SE LE VE EL QUESO A LA TOSTADA... para referirse a un mal negocio, asimismo a un trabajador que no rinde en la faena diaria o un pésimo estudiante que no avanza en los estudios, por lo que el padre o el maestro le espetaba ese chocante refrán o peor aún, cuando una persona trabaja más que un burro tusero y el salario no le compensa el enorme esfuerzo que hace ja, ja, ja, comenta furioso ¡NO LE VEO EL QUESO A LA TOSTADA! También este refrán se aplica a un tercio que no ha cumplido sus ofrecimientos, por ejemplo, cuando un albañil pide un adelanto y el bellaco se pierde; por supuesto, la obra no arranca o el mecánico que también y que para comprar el respuesto ha pedido dinero y con tristeza el infeliz propietario observa que su automóvil continúa meses y meses arrumado en un rincón del taller ja, ja, ja. De igual manera cuando las cosas no están marchando bien y la situación se pone cuesta arriba, decimos LA AREPA SE PUDO CUADRADA ja, ja, ja.

 


3. ANTES DE LA TOSTADA LA AREPA
Aunque nuestra Conny Méndez sentenciaba que LOS VENEZOLANOS NACEMOS CON UNA AREPA DEBAJO DEL BRAZO, no obstante, estimo que algunos apureños no conocen el origen de lo que todos los días se llevan a la boca. En ese sentido, he considerado oportuno referirme a los arepológos ja, ja, ja, esos personajes que sostienen que este exquisito pan fue creado y amasado ancestralmente por las manos laboriosas de nuestras aborígenes y que fue después de la llegada de los conquistadores a Venezuela cuando se comienzan a reseñar los pasos que seguían las nativas para su preparación.... “Con el maíz hacían unas tortas tan gruesas como un dedo, que llamaban arepas”... escribió Bernabé Cobo el año 1652. Su nombre proviene del primer utensilio utilizado para su cocción, conocido como ARIPO (precursor de nuestro popular budare), una especie de plancha, un tanto curvada, hecha de barro cocido, cuya denominación procede de la voz EREPE, nombre que le daban los indios cumanagotos al maíz. Así fue como de la voz EREPE llegamos a nuestra sabrosa, indispensable, infaltable y apetecida AREPA ¿Será por aquello que nuestra arepa se halla en la oración EL PADRE NUESTRO? Donde en uno de sus versos destaca: Padre nuestro que estás en el cielo / santificado sea tu nombre / venga a nosotros tu reino / hágase tu voluntad acá en la tierra como en el cielo / DANOS HOY EL PAN DE CADA DÍA, que en el caso de Apure significa DANOS HOY LA AREPA DE CADA DÍA ja, ja, ja.

 

 

4. APURE: AL PRINCIPIO EL MAÍZ PILAO O ¡DALE DURO A ESE PILÓN!
Las arepas de maíz pilao, son las precursoras de las actuales e insípidas arepas de maíz a base de harina precocida. Las arepas de maíz pilao (*) eran las habituales en Apure hasta finales de la década de los años cincuenta del siglo XX; es decir, previas a la industrialización del proceso. En esos años en San Fernando, para saborear una arepa había que SUDAR LA GOTA GORDA ante nuestro típico pilón, donde al grano de maíz seco se le quitaba la cáscara a base de pilonazos ja, ja, ja. Por cierto, de esa dura faena han nacido los famosos cantos de pilón que tan bien han interpretado el QUINTETO CONTRAPUNTO, nuestra Morela Muñoz y Soledad Bravo. En Apure, nuestras abuelas compraban en las pulperías el maíz en concha, lo pilaban en un pilón, luego para quitarle las cáscaras lo venteaban o soplaban en un azafate, posteriormente lo sancochaban; por cierto, de esa cocción se obtenía como subproducto una agua blanca semiespesa, era la deliciosa AGÜITA DE MAÍZ, no me refiero al Whisky sino al agua que produce el maíz sancochado ja, ja, ja; la misma se endulzaba con azúcar o papelón y sabía mejor que nuestra tradicional chicha de arroz.

 

Después de sancochados los granos de maíz, se molían a mano en un molino CORONA. Luego a la mezcla se le añadía una pizca de sal, un poquito de manteca de cochino o marrano como decimos los apureños y se amasaba suavemente hasta darle PUNTO, es decir, darle consistencia y textura adecuada. De esa masa se tomaban las porciones o pelotas para elaborar cada una de las arepas. Posteriormente se llevaban al fogón, donde montado sobre tres topias estaba el budare de barro cocido, el cual era calentado con leña seca para que no produjera humo, preferiblemente astillas de CARO ja, ja, ja. Cuando las arepas empezaban a dorarse por ambos lados, se retiraban del budare, se humedecían pasándolas rápidamente por agua y colocándolas en una parrillita, inmediatamente se introducían debajo del budare donde se exponían al rescoldo para que se abombaran y se separara la concha del corazón, de allí se colocaban en un pañito de tela bordado en punto de cruz que se hallaba en una bonita cesta de mimbre donde se llevaban a la mesa para saborearlas acompañadas con mantequilla MARACAY, BRUM, RICA, mantequilla llanera, queso llanero, queso de mano, coporo frito o un trozo de bistec aderezado con un ajicero de leche ¿Maluco? ja, ja, ja.

 

5. LA HARINA PRECOCIDA DE MAÍZ: UNA TECNOLOGÍA VENEZOLANA DESDE 1960
La arepa que ahora saboreamos todos los días está hecha a base de harina precocida, la cual desde los años sesenta se elabora industrialmente. Refería uno de los pioneros de las primeras areperas en Caracas (Arepera de los Hermanos Álvarez, situada en la Gran Avenida de Caracas) el señor Heriberto Álvarez, que el cliente más importante que tuvieron ellos fue el profesor Luís Caballero Mejías. Una noche se presentó con una bolsa de harina y le dijo a Heriberto …“muchacho yo preparé esta mezcla en la casa y quiero saber si las arepas hechas con ella me quedan igual a las de ustedes”… Nos pidió que la probáramos y nos explicó que eran dos kilos de maíz; primero sancochados, luego molidos y posteriormente secados. La probamos y nos fue muy bien con esa mezcla. Pasados algunos años, un día se presentó al negocio, un señor llamado Lorenzo Mendoza, hermano de Eugenio Mendoza; dueños del Grupo Polar quien le compraría la fórmula al sabio Caballero Mejías. Esa harina precocida sería conocida comercialmente con el paso de los años como HARINA PAN. Por cierto, El Grupo Polar la introdujo al mercado con el lema… SE ACABÓ LA PILADERA pero yo añadiría, TAMBIÉN SE ACABARON LOS CANTOS DE PILÓN ja, ja, ja. Gracias a ese inventó del profesor Luís Caballero Mejías, se incrementó el consumo de arepas, así como las áreas destinadas a los sembradíos de maíz en Venezuela.
6. EL RELLENO O PASAJERO Y LAS VARIEDADES DE AREPAS
No es agradable ingerirla sola, por cuanto, carece de sabor y vitaminas pese a que últimamente la harina precocida ha sido enriquecida con vitaminas y minerales. Ahora la arepa está hecha un autobús, por cuanto, admite cualquier relleno o pasajero. Ese relleno puede ser: jamón, queso llanero, amarillo, guayanés, de mano, telita, pollo, perico, pernil, carne mechada, molida, cazón, huevos de gallina, de codorniz, pepitonas y tantos otros ingredientes, como las distintas mezclas que le han dado su denominación a este plato, así tenemos: Dominó Arepa rellena con caraotas negras y queso blanco rallado. Pelúa La de carne mechada y queso amarillo. Patapata Rellena con queso amarillo, caraotas negras y aguacate. REINA PEPIADA es la favorita, cuyo relleno consta de aguacate, ensalada de gallina y petit pois y hoy cuestan una bola y parte de la otra ja, ja, ja.

 

 Las ruedas de camión, también llamadas TUMBA BUDARES o AREPA QUIEBRA, porque según los dueños de areperas dicen que no es negocio para ellos vender esas ruedas de camión, porque su enorme tamaño, requieren mucho relleno. Por supuesto, en ellas se puede colocar un pabellón completo sin mucho inconveniente. Contrario a esas RUEDAS DE CAMIÓN, yo añadiría que como están las cosas hoy, los vendedores de arepa ofertan RUEDAS DE VELOCIPEDO, chiquiticas que con una cucharadita de guiso se rellenan y ante tal robo, seguramente los apureños con justificada razón exclamarán ¡A ESTA OSTIA NO SE LE VE EL QUESO! o ¡AHORA SI ES VERDAD QUE CON ESTA AREPITA DE MALA MUERTE, LA AREPA SE PUSO CUADRADA! Ja, ja, ja, para significar que las mentadas arepitas no se corresponden con el precio. Pero existen otras variedades de arepas como son las llamadas arepas eléctricas y las arepas frías.

 

Hay quienes por comodidad (una vaina llamada ahora la ley del mínimo esfuerzo, entiéndase FLOJERA ja, ja, ja) o para ahorrar tiempo o que no las quieren ni fritas ni asadas, los flojazos acuden al TOSTIAREPA, un artefacto eléctrico que las deja listas en cuestión de minutos. La AREPA FRÍA, es aquella que nadie consumió en el desayuno y quedó arrumada en un lugar de la cocina (eso era antes en el tiempo de María Castaña ja, ja, ja), hasta que llega un miembro de la familia trancío del hambre (quise decir muerto de hambre ja, ja, ja), quien al verla, la hierve en leche (si tiene leche y gas en la casa ja, ja, ja) con su puntico de sal o la remoja en suero y le añade su buena ración de queso blanco rallado. Es que nuestra aborigen arepa se presta para todo, incluso para hacer poesía como nuestro Aquiles Nazoa quien agradecido le dedicó muchas odas a ella ja, ja, ja.

 


En San Fernando, se elaboran otras variedades de arepa que por los ingredientes que se le añaden a la masa, por la manera que las cocinan o por su forma y tamaño las hacen muy peculiares como las de chicharrón (son aquellas arepas a las que a la masa se le añaden boronas de chicharrón y de allí al budare); también están las arepas morenas (por ser endulzadas con panela dulce y aliñadas con anís), son aquellas arepitas dulces abombaditas con su ligero sabor anisado, llamadas OREJITAS; también está la arepita frita, muy delgadita, que se caracteriza por su agujero en el centro y queso rallado por encima, por cierto, la más económica ja, ja, ja.

 

Pero la reina de todas las arepas es la conocida AREPA REINA PEPIADA. Su receta original consiste en una arepa rellena de pollo guisado y luego horneado, acompañado de lonjas de aguacate y granos de petit pois. Su creador se llamaba Heriberto Álvarez, uno de los siete hermanos Álvarez, los dueños de una de las primeras areperas de Caracas quienes en el año 1955, abrieron su negocio con el nombre AREPERA LOS HERMANOS ÁLVAREZ situada en la Gran Avenida, esa vía que comunica a Sabana Grande con la Plaza Venezuela; por cierto, a ese negocio acudían clientes famosos como: Aquiles Nazoa, Oscar Yánez, Billo Frómeta, Abelardo Raidi, Renny Ottolina, César Girón, Aldemaro Romero, Alfredo Sadel y Susana Duijim entre otras personalidades. Ese año de 1955 Susana Duijim había ganado el concurso MISS MUNDO; en ese sentido, Don Heriberto Álvarez quiso rendirle homenaje a esa venezolana y contaba el viejo Heriberto que él y sus hermanos vistieron de reina a una sobrinita de doce años muy parecida a Susana. La sentaron en un taburete en el negocio para que los clientes la vieran como una pequeña Miss Venezuela. Luego un cliente les preguntó por qué tenían a esa niñita allí. Los hermanos Álvarez le explicaron que era un homenaje a la soberana de la belleza Susana Duijim.

 

El cliente les respondió, yo soy el padre de Susana Duijim y la voy a traer para que la conozcan. Un viernes, se apareció Susana con su papá. Dice Heriberto que de inmediato él le obsequió una arepa, entregándosela en sus manos y le dijo…“Mire, esta arepa se la preparó mi mamá especialmente y se va a llamar LA REINA en homenaje a usted, por ser reina de belleza”... Susana le contestó, muchas gracias mijo y se la emburró acompañada de un juguito ja, ja, ja. En la década de los años cincuenta a las mujeres bonitas como nuestra Susana se les llamaba PEPIADAS, por eso el apellido PEPIADA a la arepa especial que los hermanos Álvarez le prepararon a la reina de le belleza venezolana, nuestra Susana Duijim, quedando desde el año 1955 este exquisito plato consagrado para la posteridad como AREPA REINA PEPIADA en homenaje a la primera Miss Mundo de nuestro país.

 


Por cierto, quiero referirles una anécdota que Aldemaro Romero contaba acerca de cinco venezolanos, quienes en el año 1955 llegaron a ser ídolos famosos, como fueron SUSANA DUIJIM, ALFREDO SADEL, ALFONSO CHICO CARRASQUEL, ALDEMARO ROMERO Y CÉSAR GIRÓN. Ocurrió una noche de un sábado del año 1955, cuando los cinco amigos arriba nombrados, andaban de parranda en el automóvil de nuestro César Girón. A medianoche se antojaron de mitigar el hambre con unas Reinas Pepiadas de Los Hermanos Álvarez, hasta allá se fueron y cuando César estacionaba frente a ese prestigioso y concurrido negocio su lujoso Cadillac, modelo El Dorado, quién sabe de dónde, se le apareció un Fiscal de tránsito, quien boleta en mano amenazó al diestro aragüeño con hacerle una boleta y ante la agresión del tercio, nuestro César quien tenía su carácter como el de un QUERREQUERRE ja, ja, ja, le espetó al inoportuno funcionario.


–! Mira! ¿Tú sabes cómo es la vaina?
-¿Qué dice?
Interrogó el funcionario
-¡Nojoda que tú no me vas a hacer ninguna boleta!
-¿Y por qué no?
-¿Tú ves esos señores que están ahí parados?
-¡Si, si los veo! ¿Y…?
-¡Gua, que esos cuatro señores son los más grandes del mundo! ¡Míralos bien!
-¡Si, si los estoy viendo!
-¿Ves a la señorita?
-¡Si, si la veo!
-¡Bueno! Ella es Miss Mundo, Susana Duijim, la mujer más bella del planeta!
-¿Ves a aquel joven que está al lado de ella?
-¡Si, si lo veo!
-¡Bien, ese tercio es Alfredo Sadel, El Tenor favorito de Venezuela! Y no solo de Venezuela sino del mundo.
-¿Y aquél otro señor que está al lado del tenor quién es?
Preguntó el fiscal
-¡Bien, ese es Alfonso Chico Carrasquel, el shortstop más famoso de las grandes ligas y del mundo!
-¿Y el otro señor?
-¡Ese, es Aldemaro Romero, compositor, director de orquesta y arreglista, el músico más famoso de estas tierras y del mundo!
El apabullado hombre, resignado solo atinó a asentir.
-Está bien, está bien señor ¿Y usted quién es?
-¿Yo?
-Sí, usted.
-¡Ah, de modo qué no sabes quién soy yo? ¡Para que te quede bien claro, yo soy César Girón, el torero más grande de Venezuela y del mundo! Así que no se te ocurra hacerme una boleta ¿Okey?
-Sí, entendido señor.

 


Una vez zafado del fastidioso funcionario, nuestro César Girón se dirigió sonriente al grupo de amigos, quienes hambrientos lo esperaban a las puertas del negocio. Al entrar al reino de las arepas, presurosos se dirigieron a una de las mesas, donde degustaron sus REINAS PEPIADAS, sus PELÚAS, DOMINÓ o una ordinaria RUEDA DE CAMIÓN; así los amigos comieron hasta quedar ajitos (es decir, que los famosos amigos esa noche se atragantaron de arepas y bebidas hasta más no poder ja, ja, ja). Al fin después de apiparse, sonrientes se despidieron de los siete hermanos Álvarez, quienes encantados de la visita de los cinco famosos no les cobraron la consumición. Por el camino, rumbo a la salida nuestro César les comentaba a sus compañeros:

 


-¡Muchachos, ven ustedes las ventajas de ser famosos ja, ja, ja!
Despacio, muertos de la risa bajaron las escalinatas rumbo al vehículo, cuando al acercarse al lujoso coche de César, atinaron a distinguir adosado al parabrisas un conocido y antipático papel que los dejó a todos paralizados. Era una BOLETA que rezaba MULTA DE DOSCIENTOS BOLÍVARES POR VEHÍCULO MAL ESTACIONADO, DIRIJASE A LAS OFICINAS DEL BANCO A CANCELARLA. FIRMA: EL FISCAL DE TRANSITO MÁS FAMOSO DEL MUNDO ja, ja, ja. Por supuesto, ahí se le bajaron los humos AL TORERO MÁS FAMOSO DEL MUNDO a quien no le quedó sino invitar por cuenta suya a sus amigos a continuar la parranda hasta el amanecer en EL PASAPOGA (Avenida Urdaneta) en el HOTEL ÁVILA (Urbanización San Bernardino) ja, ja, ja.

 

 

CONCLUSIÓN:
De este ensayo se pueden inferir varias cuestiones atinentes a los oficios y actividades económicas que los visionarios de entonces realizaban en un pueblo llanero de mediados del siglo veinte. En ese sentido, únicamente en el hinterland del RESTAURANTE CANTACLARO observamos que el propietario de ese negocio Luís Castillo, había sido un ducho fabricante de zapatos y propietario de una modesta fábrica de calzados; asimismo más tarde fue capaz de fundar y gerenciar con bastante éxito una de las fondas más populares de la ciudad. Por otro lado, su esposa, Doña Margot Arana de Castillo, quien imbuida de sólidos conocimientos gastronómicos se desempeñó en la cocina al frente de sus ayudantes como una experta Chef de crucero.

 


La conclusión o idea central de este ensayo es destacar que en las décadas de los años cuarenta y cincuenta, la mayoría de los sanfernandinos no se dedicaban, cuales parásitos, a medrar un cargo en las puertas de la gobernación, de la Asamblea legislativa o del Concejo Municipal.

 

Entonces no se veían a los sanfernandinos solicitando dádivas de un Estado que recién se incorporaba a los procesos de modernización, tratando de superar su dramática situación de país rural, atrasado e incomunicado a un país en vías de desarrollo; sino que espontáneos eran capaces de emprender por su cuenta exitosos proyectos como el de la esposa del orfebre italiano José Faoro (propietario de la JOYERÍA FAORO -todavía existe ese negocio-situado en la Calle 24 de julio, entre las calles Bolívar y Comercio y donde durante muchos años trabajó el peón de sabana del Hato La Candelaria, el cunavichero -mejor conocido como el baquiano de Gallegos- Antonio José Torrealba), me refiero a la apureña, Ángela Filomena Estévez, quien al frente de su tienda EL PAN GRANDE (frente a EL RESTAURANTE CANTACLARO) tenía en una bonita casona de adobe y techo de tejas una especie de boutique y centro indiscutible de las tendencias de la moda en Venezuela y Apure. Asimismo, diagonal al CANTACLARO, se hallaba el TEATRO CINE ROYAL, propiedad del apureño Jesús Aponte, quien de taxista en el Parque Independencia (actual Plaza de los Yutong) pasó a ser dueño de ese teatro y de la ferretería AGENCIA ROYAL (situada en el cruce de las calles Bolívar y Juan Pablo Peñaloza –actual Boulevard- frente al desparecido Bar Trinaomaira).

 

 

Asimismo, en las tardes a las puertas del ROYAL se miraban a aquellos populares emprendedores como el italiano MANGO PIACHE, vendiendo sus comodoros en las puertas del Royal; otros con sus centrifugas se les veía afanosos ofertando sus porciones de empalagoso algodón de azúcar de color y otros con sus carritos, cocinando las ruidosas y aromáticas cotufas saliendo del sartén cual palomas blancas; asimismo también se veía en el bucólico pueblo afanadas en sus labores a las planchadoras y lavanderas de ropa ajena; costureras, actuales diseñadoras de moda como Doña Carolina Herrera, ja, ja, ja; a los caleteros cargando y descargando chalanas, vapores y barcos en el puerto Barbarito, Ligerón y El Tamarindo; los carreteros haciendo viajes por las trochas sabaneras o mudanzas en sus carretas tiradas por robustas mulas; los bongueros (CHICHARRONEROS) llevando mercancías a los más recónditos lugares del Estado Apure; las tostadoras de café, tostando y moliendo en sus casas el aromático grano; los sudados herreros de fragua y carbón, fabricando en sus tallercitos hierros para el ganado, frenos y estribos para las cabalgaduras o canales para recoger el agua de lluvias; los pulperos con sus embusteros pesos y entregando sus míseras ñapas a los ansiosos muchachos de mandado ja, ja, ja; los fabricantes de tejas y ladrillos; los productores del solicitado JABÓN DE LA TIERRA (a quien por cierto, se lo llevó por delante los detergentes y los jabones de tocador o jabón de baño importados ja, ja, ja.); los pilanderos al frente de sus pilones trillando arroz o pilando maíz en concha; los talabarteros fabricando vistosas sillas de montar, fajas para ajustar el ancho pantalón de dril o fundas para los Punta e´ lanza; los fabricantes de alpargatas; los sastres confeccionando liquiliques; incluso hasta a los cieguitos se les veía con su andar inseguro por las soleadas y solitarias calles del pueblo vendiendo Quinticos de loterías; los zapateros, no me refiero a los zapateros remendones sino a los fabricantes, como Don Luís Castillo, quien un día dejaría su noble oficio, para años más tarde fundar una de las fondas más visitadas de la ciudad como fue el RESTAURANTE CANTACLARO. Hoy de esas artes y oficios, así como de las apetitosas y sabrosas tostadas no queda sino el triste recuerdo de un pasado alegre ja, ja, ja.

 


(*) EL MAÍZ PILADO Y LOS PILONES EN SAN FERNANDO. Hasta finales de la década de los años cincuenta de la pasada centuria había en San Fernando numerosos pilones y trilladoras de arroz. Entre los primeros, destacan el Pilón de Bates ubicado en el ángulo noreste del cruce de las calles 24 de julio y Sucre, al lado del Cine Royal, el cual pertenecía a un trinitario de apellido BATES y su negocio era conocido como El Pilón de Bates; en la Calle Santa Ana, entre calles Sucre y Páez, estaba el Pilón del señor Luís González, quien en el patio de su casa de familia había instalado su negocio de trillar arroz y pilar maíz. En el cruce de las calles Páez y Miranda, estaba el pilón del señor Delfín Castillo, quien en el patio de su residencia trillaba arroz y pilaba maíz. Asimismo en el ángulo sureste del cruce de las calles Sucre y El Yagual, frente al Bar Casablanca que le daba nombre al puerto epónimo, estaba el pilón del señor Hernández. Por supuesto, estos no eran los únicos pilones que había en San Fernando.


Hugoarpa24@gmail.com San Fernando, 1 de junio de 2020