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Prensa. Estimulo.com
El intento de llevar a buen puerto esta nueva versión del diálogo político está en una semana que puede resultar crucial, por los elementos que están privando en medio de la guerra de micrófonos que protagonizan los representantes del gobierno y los de la oposición. Supuestamente este viernes 11 de noviembre es una fecha tope para que el gobierno de Nicolás Maduro presente “pruebas de amor”, lo suficientemente sustanciosas como para que los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática se abstengan de abandonar esa instancia nacida de la intermediación del papa Francisco.

En la oposición no hay consenso en torno a la idea que expuso públicamente Henrique Capriles Radonski de fijar como límite el próximo viernes, pero sí están ganados para retomar la calle “sin volvernos locos”, como comentaba en días recientes el líder máximo de uno de los partidos que forman parte del exclusivo “Grupo de los 4″, donde se toman las decisiones de la coalición opositora con el visto bueno de Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y la rebelde Voluntad Popular, que presiona con insistencia para que se abandone el diálogo si la tostada no muestra ni una fina rodaja de queso.

Las posiciones son disímiles. Primero Justicia oscila entre la prudencia de Julio Borges y la impulsividad de Capriles. No se trata de que Borges sea blandengue sino de que es un puente con el gobierno. Es uno de los que hace y recibe llamadas del oficialismo, cosa que ni puede ni quiere hacer Capriles. Hasta ahora en PJ ha privado el criterio de Borges. “Es el jefe verdadero del partido y ejerce”, coinciden varios dirigentes amarillos.

Pero todo tiene un límite en cuanto a prudencia y paciencia. Los justicieros saben que no pueden dejarle la calle ni al gobierno ni mucho menos a Voluntad Popular.

Los adecos andan más o menos en las mismas circunstancias. Se cuidan de parecer demasiado conciliadores con el gobierno, pero con una ventaja. Tienen mucha experiencia en el manejo en mesas de negociación y no sufren de impaciencia. Solo evitan aparecer solitarios en la foto. “Nosotros vamos al diálogo siempre que PJ también. No vaya a ser que entremos y nos espichen los cauchos”, nos comentaba uno de los dirigentes del partido blanco.

Y Un Nuevo Tiempo es quizás el partido más optimista con respecto a los resultados del diálogo. Si bien sus dirigentes han sido acusados de pactar con el gobierno, si este intento da algún resultado positivo, el partido de Manuel Rosales tomará su bocanada de oxígeno y se erigirá como uno de los interlocutores más importantes con el chavismo, para cualquier acuerdo político de trascendencia. Igual puede decirse del gobernador del Estado Lara, Henri Falcón, quien forma parte de la Mesa de Diálogo porque se impuso de hecho, pese a las reservas de algunos dirigentes de la MUD.

Para Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática, Avanzada Progresista (partido del gobernador Falcón), e incluso para PJ resulta un riesgo político muy grande levantarse de la mesa de diálogo y quedar a la cola de la estrategia de Voluntad Popular, partidaria decidida de no dialogar hasta tanto se logre, al menos, la libertad de los presos políticos. Esa es una de las razones por las cuales hay resistencia para abandonar de inmediato ese escenario. Quizás no es la de mayor peso, pero evidentemente el equilibrio de fuerzas en el seno de la unidad opositora es un elemento que siempre va a estar presente.

El diálogo es un terreno en el cual Voluntad Popular corre riesgos de desdibujarse como la fuerza más cuestionadora del actual gobierno, junto a otros movimientos como el de María Corina Machado. Ellos están convencidos de que allí no hay nada que buscar. Y el gobierno, a sabiendas de lo que se juega en la trinchera opositora, busca debilitar su unidad para intentar negociar en mejores condiciones.

La permanencia de la oposición en el diálogo y la posibilidad, por demás remota, de que Voluntad Popular se siente a la mesa con el gobierno, depende de que aparezca esa demandada prueba de amor que debe dar el gobierno. Primero hay que ver si la bendita prueba, libertad de presos, flexibilización del cronograma electoral, caso de los diputados de Amazonas u otra, aparece realmente. Y segundo, que los partidos opositores la consideren suficiente como para que el diálogo termine de arrancar.

Apenas estamos en medio de un accidentado prólogo.
Pero según lo que dicen dirigentes de Un Nuevo Tiempo, AD, e incluso del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), vienen decisiones en las próximas horas o en los próximos días que darán fuerza a la tesis de mantenerse en el diálogo.

Y aunque esas pruebas de amor no aparezcan todavía, no parece cerca el momento en el cual la oposición se levante de la mesa de diálogo. A menos que un sector decida hacerlo, a sabiendas de que otro seguirán sentados.
 
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