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Columna.  Augusto Guevara                               
“Uno de nosotros que muere, es un quintal de ira más que posee mi corazón”. Vicente Guevara, Alcalde de Valencia, Car. 1820. Escribo estas líneas bajo el influjo de la  muerte del joven Fabián Urbina de 17 años acaecida recientemente, bajo este mismo cielo, sobre esta misma tierra, por esta misma CAUSA y cuyo asesinato fue cometido por esta misma gente. Gente de la estirpe de aquellos que, bajo las órdenes de Morillo, mataron a mi antepasado carabobeño porque se negó a delatar a sus amigos y quien contestó a sus verdugos, sin que se le contrajera ni uno sólo de los músculos de su cara: “pues entonces tendré que  morir”.

Un reo contumaz
Decidí narrar esta breve historia, no para solazarme tontamente en un hecho histórico de mis ancestros, si no para que sirva de acicate a nuestra lucha de hoy. Don Vicente Guevara, de los mismos predios que vieron nacer a mi abuelo Lorenzo Guevara, quien se trasladó a nuestras llanuras a regar su simiente. Dos veces fue condenado el Alcalde: primero por Morillo, claro está, y luego por el cura realista quien al salir de la celda donde debía ofrecerle consuelo cristiano en presencia de la imagen de la Virgen de La Merced, infaltable en los aposentos de todos los Guevara de Carabobo, lo que hizo fue exclamar sibilinamente: “es contumaz el reo”. Notable la condición de inquisidor de este sacerdote Josef Monagas, quien antes, en la intimidad del calabozo, en lugar de cumplir sus deberes como representante de la Iglesia, lo que hizo fue conminarlo para que delatara a lo cual, como ya sabemos, el Alcalde preso se negó, sin estridencias pero con firmeza: “pues entonces tendré que morir”. 

Ratificó la frase casi textualmente y es que los venezolanos, en defensa de nuestra libertad, no nos doblegamos ante Fernando VII y su sigüí Pablo Morillo, ni ante Guzmán Blanco quién nos robó, según me contó mi tía Vicenta Guevara, tampoco ante Gómez ni ante Pérez Jiménez; señores estos a quienes ya ni se les reza y nosotros, el pueblo de Venezuela, seguimos erguidos, incólumes ante estos “morillos” de hoy; seguiremos la lucha hasta vencer al aleve y al criminal y no cesará nuestro pueblo de generar acontecimientos hasta que triunfe la libertad y conjuremos la mañosa intención de convocar una constituyente contraria a nuestro orden legal, convocatoria por cierto aderezada con violencia y amenazas, según ha denunciado la Fiscal General. Debo acreditar que los datos históricos  sobre el Alcalde Guevara me los suministraron, cronológicamente, mi tía, bastante mayor que mi papá, Vicenta Guevara, en cuya casa de Caracas pasé mucho tiempo durante mi adolescencia; el sabio Enrique Tejera, cuya madre, Doña Carmen Guevara de Tejera, como mi abuelo, también carabobeña y parienta del Alcalde, quien me hizo el relato durante un ágape que la familia Salas le ofreció en su Finca de San Fernando de Apure y, últimamente, la lectura de uno de los sabrosos libros que nos dejó Enrique Tejera París.

La marcha de los viejos
La  marcha de los viejos (asimismo, los viejos, no los viejitos,  ese diminutivo nos maltrata porque a la postre viene a ser diminutivo) se escenificó en todo el país y fue multitudinaria y contundente aunque pacífica. Me referiré sólo a la de San Fernando porque fue la única que alcanzó el objetivo de llegar a la Defensoría del Pueblo y entregar el Documento. Esa marcha estuvo encabezada por José Gregorio Montilla, líder cenital de nuestro estado, lo que obró el milagro que la guardia nacional no impidiera el avance; es que un liderazgo serio a la vez que recio, sereno a la vez que contundente, es mas disuasivo que las divisiones Panzer del IIV Reich.-

La doctora Luisa Ortega Díaz, seria y coherente
Nuestros más connotados líderes, Henri Ramos Allup, los excandidatos presidenciales Henrique Capriles Radonski y Andrés Velásquez, el Presidente de la Asamblea Nacional Julio Borges, la Jefa del Partido Vente María Corina Machado, sin mencionar a Antonio Ledezma y Leopoldo López por su condición de presos políticos, se han pronunciado favorable y respetuosamente sobre la postura que ha asumido la Fiscal General de la República en defensa de los mismos  principios por los que nosotros luchamos.

Me inclino respetuoso ante la sensatez de nuestros líderes y ante la valentía y honradez de Luisa Ortega Díaz y lamento que algunos compañeros opositores de ambos sexos le objetan por haber esperado mucho tiempo para pronunciarse. Absurdo. Es como objetar a una madre porque su bebé llegó hoy y no 18 años antes. Y a ellos, a esos compañeros objetantes, les formulo dos sugerencias; puesto que la doctora Ortega Díaz no ha solicitado inscripción en Acción Democrática ni en Primero Justicia, ni en ningún otro Partido y, por el contrario, se ha proclamado defensora del “legado de Hugo Chávez” y puesto que tampoco ha solicitado un escaño en la MUD, lo que la califica como persona seria y coherente, a) no le hagamos concesiones a la necedad; y b) no nos convirtamos en disuasivo para quienes, civiles o militares, deseen imitar la valiente conducta de la  Fiscal General.   
 
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