OPINIÓN. Gustavo
Azócar Alcalá
Nicolás
Maduro está entrampado. El ex chofer del Metro de Caracas no haya qué hacer
para impedir lo que a todas luces parece inevitable: su próxima derrota
electoral el 6 de diciembre. El inquilino del Palacio de Miraflores deshoja la
margarita frente a un proceso comicial que tiene perdido.
Sobre
el escritorio presidencial, hay un informe elaborado por la Sala Situacional,
en el cual se recomienda tomar uno de 3 caminos. Maduro parece haber escogido
uno, el más pedregoso, el más culebrero, el más arriesgado y lo confirma cada
día, con enfrentamientos verbales con el gobierno colombiano, y con decisiones
alocadas, como decretar estados de excepción a cuenta gotas, en 19 de los 335
municipios del país.
Maduro
tiene sólo 3 vías. Y aunque parezca increíble, todos los caminos lo conducen al
mismo lugar. Haber elegido el peor sólo le da una ventaja: generar distracción
en el pueblo venezolano y hacer que la gente se olvide, aunque sea por un
momento, de sus verdaderos y reales
problemas. Culpar a Colombia por el desabastecimiento y la escasez de productos
de la canasta básica hará que algunas personas se distraigan un par de horas.
Pero después que haya pasado un mes del cierre de la frontera y la gente se
percate que la escasez continúa, y que las colas no se han terminado, el cuento
de la culpa colombiana no servirá absolutamente para nada.
En
mi modesta opinión, estos son los tres caminos que le quedan al Jefe de Estado
venezolano de cara a las elecciones del 6D. Maduro ya escogió uno, en mi
opinión, el peor de todos.
Camino
No. 1: hacer elecciones limpias y transparentes el 6 de diciembre y arriesgarse
a perder la mayoría en la Asamblea Nacional. El gobierno sabe que tiene cuesta
arriba ganar los comicios del 6 D. Las encuestas señalan que el oficialismo va
a perder en los 10 estados más grandes del país: Distrito Federal, Miranda,
Carabobo, Lara, Aragua, Anzoátegui, Bolívar, Zulia, Monagas y Táchira. En esas
10 regiones se concentra más de la mitad de los cargos a elegir el 6 de
diciembre. Maduro, Diosdado y los cubanos saben que es muy difícil revertir una
derrota, de manera que hacer unas elecciones limpias y transparentes, no está
en la agenda del gobierno.
Camino
No. 2: hacer las elecciones parlamentarias y tratar de ganarlas haciendo
trampa. El régimen sabe que la única forma de ganar los comicios es haciendo
cosas ilícitas, al margen de la ley. Esa es la razón por la cual el CNE no
aceptó la observación electoral de la OEA ni de ninguna otra organización que
no esté alineada con el Socialismo del Siglo XXI. Esa es la razón por la cual
se han decretado las inhabilitaciones de varios candidatos de la MUD y se
rechazó la inscripción de algunos candidatos disidentes del PSUV. Adoptar esta
vía implica que en los próximos meses el CNE anuncie nuevas medidas contra
otros aspirantes y la Contraloría decrete la inhabilitación de otros candidatos
de la MUD sobre quienes pesan juicios abiertos en algunos tribunales del país.
Trampear las elecciones implica también inhabilitar testigos, manipular las
máquinas, intervenir partidos políticos, y crear tarjetas similares a la de la
MUD para generar confusión en los electores. Como lo dije en una columna hace
dos meses: las del 6 D serán las elecciones menos transparentes de toda la
historia venezolana.
Camino
No. 3: suspender las elecciones
parlamentarias mediante el decreto de un Estado de Excepción, o un Estado de
Conmoción a nivel nacional, como consecuencia de un conflicto bélico con
Colombia. Este escenario pareciera ser, hasta ahora, el que ha escogido el
gobierno. Maduro ha decretado estado de excepción en 10 municipios del Táchira,
7 municipios del Zulia y 2 municipios de Apure.
No
conforme con eso, aviones militares venezolanos, de acuerdo con denuncias del
Ministerio de la Defensa de Colombia, han violado el espacio aéreo del vecino
país en 3 ocasiones, lo cual pareciera ser algo más que una simple y vulgar
casualidad. El incidente más reciente ocurrió el pasado sábado 12 de
septiembre, cuando dos aeronaves militares venezolanas ingresaron 2,9
kilómetros dentro del espacio aéreo colombiano en la Alta Guajira, sobrevolando
una unidad militar del Ejército Nacional en la región de La Flor.
La
situación se ha puesto mucho más tensa luego que el pasado jueves en horas de
la noche, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana informara la caída de una
aeronave militar tipo Sukhoi-30 en la región noroccidental del país, fronteriza
con Colombia. El avión, según el comunicado emitido por el Ministro de la
Defensa, Vladimir Padrino López, despegó luego que se había “detectado una aeronave ilícita que
ingresó por la región noroccidental del país con rumbo sur hacia el límite
fronterizo con la República de Colombia, zona donde las mafias ligadas al
narcotráfico pretenden utilizar nuestro territorio como plataforma de
distribución de drogas producidas en el vecino país, hacia Centroamérica y el
Caribe”.
La
Fuerza Armada Nacional Bolivariana informó que ordenó “la inmediata activación
de la junta investigadora de accidentes aéreos con el objeto de determinar las
posibles causas que originaron el siniestro y tomar las medidas necesarias para
la ubicación de los pilotos”.
El
oficialismo está tan desesperado por suspender las elecciones, del 6D, que no
sería nada descabellado, por ejemplo, que el gobierno nacional acusara mañana a
las Fuerzas Militares Colombianas de haber derribado el avión militar
venezolano. Venezuela y Colombia, aunque cueste creerlo, están en medio de un
clima de preguerra, que se ha venido calentando con el paso de los días, y que
sólo podría ser superado con la reunión que celebrarán el próximo lunes en
Quito, Ecuador, los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro.
Contrariamente
a lo que algunos piensan, Maduro no cerró la frontera para ganar votos. Sería
infantil creer que los pasos fronterizos fueron cerrados para ganar electores.
Todo lo contrario: el cierre de la frontera ha hecho que el gobierno pierda
votos, sobre todo entre los millones de colombianos nacionalizados que todavía
viven en el país y que tienen cédula venezolana y están legamente inscritos en
el Registro Electoral. La frontera fue cerrada por una sola razón: para crear
las condiciones que permitan al gobierno suspender las elecciones del 6 de
diciembre.
La
caída del avión militar venezolano, justo en la frontera entre los dos países,
podría ser utilizada por el gobierno de Maduro para echarle más leña a la
candela. No hay que descartar, por ejemplo, la posibilidad de que los grupos
guerrilleros FARC y ELN, muy cercanos al gobierno de Maduro, organicen un
ataque a algún puesto militar venezolano en la frontera y se lo achaquen
también a las fuerzas militares colombianas con el fin de mantener vivo el
conflicto.
Si
Maduro fue capaz de cerrar la frontera y decretar estado de excepción en 19
municipios fronterizos, por el hecho de que 3 soldados venezolanos resultaron
heridos en San Antonio del Táchira, imagínense lo que podría hacer si se
registra un incidente de otra magnitud. Las verdaderas intenciones de Maduro
frente a Colombia, de cara a las elecciones parlamentarias del 6D, quedaran al
descubierto en las próximas horas antes de su encuentro crucial con Juan Manuel
Santos en la ciudad de Quito. Yo no descartaría, incluso, que Maduro decida no
acudir a la cita a última hora. Para creer en ese encuentro, primero hay que
ver la foto.