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Prensa. bancaynegocios.com
El venezolano sin posibilidades de emigrar, debe armarse y entender que será atacado por todos los flancos. Plantarle cara a la crisis no es tarea fácil, sin embargo, el rebusque seduce cada vez más a aquellos de mentalidad comerciante, emprendedores por necesidad que se instalaron el ecosistema como válvula de escape, pues ofrecen sus productos a precios muy por debajo del estándar.

Saber el precio estándar del mercado es complejo en un país donde la especulación marca las etiquetas, pero estos comerciantes que nacieron con la necesidad, saben un par de cosas sobre ofertas.  Los pregoneros, que hacen del transporte público su vitrina, ofrecen golosinas, a veces de marcas de dudosa procedencia, bolígrafos y cualquier otro cachivache a los agotados pasajeros. Los 2×1, las ofertas familiares y los precios por debajo del mercado, parecen ser parte de la estrategia de ventas.

En Sabana Grande la temporada de venta escolar se aferra a sus últimos segundos de fama comercial, pues sabe que la navidad se acerca amenazando con robarle protagonismo y ventas. En un rincón del transitado boulevard, un conjunto de improvisados puestos conforman una escueta “feria escolar” que todavía ofrece a padres y representantes útiles escolares, bolsos y uniformes. Los vendedores parecen no estar muy informados. La fecha de expiración de estos tarantines es un completo misterio para ellos, quienes solo parecen querer vender lo que se pueda antes de que la llegada de la navidad arrase con su mercancía.

Una caja de 12 creyones cuesta Bs 2.500,00, mientras que en una librería que se encuentra a escasos pasos de esta “feria”, la ofertan por Bs 6.400. Los precios de todos los artículos son realmente competitivos al compararlos con los de un establecimiento formal. Incluso uno que esté por la misma zona.

Las mini-tiendas de Chacaito ahora cuentan entre sus nóminas a jóvenes pregoneros, quienes persiguen a la posible clientela con la única misión de llevarlos al local. La persecución es exhaustiva y cualquier técnica de atracción está permitida, incluso el coqueteo: “Hola bella, buenas tardes déjame mostrarte un par de sandalias para esos bellos pies”, se escucha al pasar entre la marejada humana que transita la zona y que intenta escapar a toda costa de las garras de estos “vendedores”. Un método de venta que muchos locales están poniendo en práctica como consecuencia de una crisis económica que vuelve a todos un poco más creativos. La próxima vez que camine por estas calles, párese y observe: notará una fila de jóvenes desgarbados estancados frente a las tiendas. No se trata de vigilantes, es una nueva estrategia de mercadeo.

El maquillaje parece ser la sensación de la zona, pues lo único que ofrecen estos comerciantes improvisados son pinturas de labio, máscara de pestañas, correctores, brillos, entre otros cosméticos de imitación. La cantidad de puestos hace pensar que es un negocio rentable, en una misma cuadra se pueden encontrar al menos 4 o 5 pequeños negocios de belleza.

Si usted ha estado en una cola, sabe que nunca faltará algún vendedor audaz que ofrezca a la cansada muchedumbre café negro, pastelitos, dulces y hasta bolsas para transportar cómodamente la mercancía. Las afueras de las estaciones de metro hacen las veces de centro comercial, son varios los que extienden sus mantas para ofrecer cuanto producto se les pase por la mente, incluso ropa usada, electrodomésticos en mal estado, zapatos sin par, chucherías y hasta dibujos.

Para sobrevivir en un país con una situación económica, política y social que ataca desde cualquier ángulo, hay que salir al ruedo y rebuscarse como de lugar. Esta es una realidad evidente, solo basta con darse una vueltica por la calle.

 
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