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lunes, 18 de febrero de 2019

OPINIÓN: Sobre la Gran Maracay y la Gran Valencia por Jorge Montenegro

Opinión: Jorge Montenegro.

En los últimos meses me he juntado mucho con abogados, y si algo he aprendido de ellos, es que nada de lo que se diga en twitter (Incluso si lo dijo el presidente de la República en cadena nacional) es verdad si no sale en gaceta.

Muchos aragüeños tienen desconocimiento de la gaceta extraordinaria del estado Aragua número 610 del 21 de noviembre de 1997, cuando la asamblea legislativa estableció el nacimiento del área metropolitana de Maracay, compuesta además por El Limón, Turmero, Palo Negro, Cagua, Santa Cruz y San Mateo. Supongo que Linares Alcántara aún no nacía como municipio y formaba parte de Girardot.

Además de descubrir que durante el primer gobierno de Didalco hubo en nuestra Asamblea Legislativa alguna persona con un mínimo criterio para crear un desarrollo urbano digno de una población que hoy alcanza el millón y medio de habitantes, se entendía que la gobernación asumiría las responsabilidades de una alcaldía mayor. En Venezuela existen sólo dos alcaldías mayores: la del alto apure, creada porque Guasdualito y Elorza están a más de 6 horas de San Fernando, y Caracas, con el distrito capital y 4 municipios mirandinos.

Pero era 1997. Didalco Bolívar ganó la gobernación gracias a una coalición MAS/ Copei (si, Copei aún existía) y Hugo Chávez no había llegado a Miraflores para sepultar nuestros valores democráticos.

Y quiero hacer énfasis en esta última afirmación. Recuerdo que en aquella época se subestimaba el valor de los gobernadores. Se decía que los Salas Römer lo único en hacían era cortar la grama. Y si, cortar la grama del coñazo de distribuidores que hicieron para unir a Valencia con San Diego, Naguanagua, Guacara, Los Guayos y Tocuyito, para hacer de la gran Valencia el monstruo que sigue siendo hoy, a pesar de los eruptos de Acosta Carles, la flojera crónica de Ameliach y las payasadas de Lacava.

Era función de las gobernaciones y de las alcaldías mayores coordinar políticas de crecimiento metropolitano, en áreas en las cuales es imposible entender que Chacao, Girardot, Cabudare o San Diego estén bien, pero Petare, Turmero, Iribarren o Los Guayos mal, tales como seguridad, vialidad, agua potable, aguas negras...

Cuando la calle Miranda aún no era boulevar a la altura del hotel Jardín, yo transitaba todos los días antes de ir a mi trabajo. La antigua sede de la gobernación comparte una característica que hoy tiene el edificio que conocimos como “Corpoindustria”: enormes colas de gente pidiendo una medicina, una ayuda económica o en su defecto, una urna para enterrar a un ser querido. Las gobernaciones bajo el mandato del chavismo se han transformado en entes administradores de la miseria, tarea que Marco Torres, como militar que es, ha hecho muy bien.

El aragüeño es alegre, desenrollado y un poco desadaptado, pero no es regionalista. Tal vez porque ninguno de nuestros abuelos nació aquí. Maracay era un pueblo de cuatro calles cuando Gómez decidió gobernar a Caracas desde aquí. Por eso tan poquito interés y amor, creo yo.

Al aragüeño le da ladilla votar en elecciones regionales. Solo el 25% del electorado (al cual Marco Torres ha convertido en techo y piso electoral del Psuv) asiste a elecciones regionales, porque también la gente siente que las alcaldías y las gobernaciones son incapaces de hacer un coño. En ese tienen parte de razón.

A excepción de estados petroleros como Monagas y Zulia, en los cuales PDVSA está en la obligación de entregar impuestos por explotación petrolera, las gobernaciones viven del “situado constitucional”, es decir, que Chávez o Maduro firmen un cheque para poder pagar nómina. ¿Cómo carajos se financia un proyecto de crecimiento regional así? Más sentido tiene ganar las alcaldías, que cobran impuestos. Esto me lo explicó un profesor del IESA que vive en Carabobo.

Él también me puso este ejemplo: uno de sus hijos vive en Santiago de Chile, donde viven 7 millones de personas distribuidas en 16 municipios, es decir, menos de 440 mil habitantes por alcalde. Trujillo (el estado) tiene 600 mil habitantes y 21 municipios, para un alcalde por cada 23 mil habitantes.

¿Funciona nuestra distribución político territorial? Ni de vaina. En Venezuela hay un carajazo de municipios incapaces de generar ingresos y que se convierten en instituciones de beneficencia, además de la propia gobernación, claro está. ¿Fracasó la descentralización? No, fracasó fue la visión centralista y de estado todopoderoso del chavismo.

En la Venezuela del mañana (tal vez del 24 de febrero, si lo de la ayuda humanitaria termina siendo lo que sospechan las viejas de El Cafetal, La Soledad o Prebo, tiene que ir a un nuevo reordenamiento territorial, donde por ejemplo se tomen casos como los de Mariara con Maracay. Los malandros de allá y sus mejores jugadores de sóftbol hacen vida aquí. Son el primo magallanero que te da pena reconocer que vive contigo. Caso similar es Puerto Miranda con San Fernando y Yaritagua con Barquisimeto, que pertenecen a un estado donde sus habitantes no hacen vida.

Tal vez nuestra actual organización político territorial siga sirviendo para eventos culturales, deportivos y quizás en áreas como salud, pero el país creció, y es hora que los venezolanos crezcamos con él.