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jueves, 6 de junio de 2019

VENEZUELA: El capitalismo, fase superior del socialismo por Pedro Elías Hernández.

Opinión. Pedro Elías Hernández. 

¿Recuerdan aquel apotegma de Lenin? “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, pues bien, los hechos han demostrado que el trágico experimento de ingeniería social iniciado por él en 1917 dio lugar a otra lapidaria sentencia: El capitalismo es la fase superior del socialismo.

¿Qué es el socialismo? Desde 1922 ya es definido, por los pensadores liberales como “destruccionismo”, ya que nada produce; se limita a dilapidar lo creado por la sociedad que se fundamenta sobre la propiedad privada de los medios de producción. En 1936, Arturo Uslar Pietri, conocedor e influenciado sin duda por los clásicos del liberalismo, en su artículo “Sembrar el Petróleo”, lo define, sin mencionarlo, como “economía destructiva”, en una preclara aproximación de lo que décadas después sería la característica central de las políticas públicas en materia económica cuyos desaciertos dilapidaron en 40 años tres bonanzas petroleras de más de un billón y medio de dólares que seguro serán irrepetibles. Además ya en 1984, Carlos Rangel alertó sobre este fenómeno cuando dijo que la combinación de petróleo y socialismo era un cóctel explosivo.

El socialismo, de cualquier signo, siglo o nacionalidad, ha hecho daño, cuando no estragos, donde quiera que se ha instrumentalizado, con menor o mayor intensidad. En Venezuela sin duda hemos tenido una sobredosis de esta receta. Una atracción fatal que fue irresistible. Su versión relativamente moderada puesta en ejecución desde 1974 hasta 1998 en nuestro país, creó las condiciones para que sobreviniera otra versión más agresiva y virulenta de esta corriente ideológica. La democracia desde 1958 en adelante se desarrolla bajo la influencia del clima intelectual dominante para la época que no era otro que el de las ideas marxistas. Nuestra sociedad tuvo poca capacidad de resistencia respecto a esta ideología que muy rápidamente adquirió las dimensiones de un inmenso consenso, casi en un pensamiento único hasta sol de hoy.

Alexander Guerrero, en un interesante trabajo donde expone la necesidad de un nuevo pacto de gobernabilidad para el país, nos indica que el sector privado venezolano, de constituir el 65% del tamaño total de nuestra economía en 1998, pasó a ser sólo el 25% en el año 2014 y para 2018 apenas representa menos del 20%, confirmando que el socialismo es en todo lugar y en todo momento la destrucción del sistema de precios y el aplastamiento de la economía privada. Desde luego las causas para que tal cosa ocurriera sin demasiado sobresalto las encontramos en el hecho precedente que nos expone Asdrúbal Baptista en su obra “Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana” cuando afirma que desde 1976 en adelante, medido en dólares, el Estado venezolano es el poseedor y dueño del 75% de la propiedad no residencial existente.

Después de los efectos de la sobredosis de ideas socialistas que hemos experimentado, no cabe duda que la fuente de nuestra ruina material está allí. Tal cosa servirá sin duda para identificar el punto de partida del nuevo gran consenso nacional de reemplazo basado en los fundamentos del libre mercado. Y decimos nuevo consenso, no pensamiento único, ya que a las malas ideas hay que combatirlas culturalmente con determinación y no darles cuartel, pero jamás proscribirlas. Las exclusiones del presente son las guerras del futuro. La libertad y la tolerancia serán aspectos cruciales para la reconstrucción material y moral del país en el momento en que sea posible. El chavismo, como corriente política, si le llega el tiempo de abandonar el poder y pasar a la oposición, debe existir al amparo del sistema de libertades públicas que es menester relanzar en Venezuela. Para su escrutinio histórico estará el juicio de la gente a la luz de lo obrado, lo que hoy luce evidente, pero también de lo que hagan quienes eventualmente venga después.

El socialismo, no es bueno ni malo, sencillamente es imposible, es un error intelectual. En su versión revolucionaria marxista intenta destruir el capitalismo, y en su versión socialdemócrata, no pretende destruirlo, pero sí parasitarlo hasta dejarlo exhausto. A mediano plazo mutará hacia algo cada vez menos socialista o colapsará. En el caso de Venezuela, al igual que en Rusia, China Vietnam, Europa oriental, Camboya, Cuba y Nicaragua dará pasó a alguna versión de economía basada en incentivos de tipo capitalista. Se cumplirá aquella máxima de que el capitalismo es la fase superior del socialismo. Esa es la lógica que comprueba la evidencia empírica documentada.

La transición económica ya empezó en Venezuela. Una sentencia  del TSJ le da legalidad al pago de las remuneraciones laborales por medio de dólares lo que terminaría de consumar la dolarización de la economía venezolana. La unificación cambiaria se ha prácticamente  materializado con el reconocimiento oficial del dólar llamado “criminal”; las casas de cambio y los bancos fueron autorizados a vender y comprar divisas con bastante libertad, poniendo en manos de los privados y del mercado la formación del precio del tipo de cambio. Los controles de precios, como consecuencia de la terquedad de la economía, han quedado reducidos a mera tinta sobre papel, lo cual ha hecho que los productos de consumo masivo estén nuevamente visibles en los mercados pero a montos casi inalcanzables para la mayoría de la población. A pesar de todo esto, la economía sigue contrayéndose. Sin plena confianza sobre el respeto a los derechos de propiedad, los contratos voluntarios y a las formas y reglas de jugo de naturaleza capitalista, la recuperación económica será muy tímida y los efectos diferidos de esa atracción fatal que nos atrapó como sociedad llamada socialismo seguirán su curso.