Opinión. José
Jimenez.
La
frase “supérate para salir del barrio” siempre me ha parecido odiosa. No porque
‘superarse’ sea algo malo, sino porque dicha expresión está cargada de un profundo
desprecio a ese ámbito llamado ‘barrio’, donde viven, luchan y sueñan miles de
apureños que merecen absoluto respeto.
El
drama de los pobres
Cuando
contemplo uno de esos paisajes llenos de casitas de bloques rojos,
inevitablemente pienso en el drama humano que ocurre en cada una de esas casas.
Al ver ese panorama, pienso en el esfuerzo de una familia pobre para comprar
planchas de zinc, bloques, y cemento para construir un hogar. En mi memoria
surge el recuerdo de mi finada abuela, batallando en medio de la lluvia, para
asegurar con piedras una plancha de zinc levantada por el insensible viento…
¿Por qué mi abuela cuidaba tanto aquellas viejas planchas de hojalata? La
respuesta es sencilla: porque eran fruto de horas de su humilde trabajo,
lavando y planchado para poder darnos un techo… ¿Cómo despreciar esas casas,
planchas, y bloques que vemos en los barrios?… Yo personalmente no puedo.
Pero
aunque mis sentimientos positivos afloran al ver un barrio, no puedo negar que
están llenos de problemas que parecen insuperables. ‘Parecen’ he dicho, ¡y he
allí el gran detalle! Todos esos problemas se pueden superar.
Humanizando
los barrios
Muchas
veces he explicado a los medios de comunicación, que “yo no quisiera salir de
los barrios, sino transformar a los barrios en lugares más dignos y amigables
para vivir”. Por tal afirmación de mi parte, he sido catalogado de hipócrita, y
hasta se me ha inventado el título de ‘barriologo’ para supuestamente
insultarme por ser ‘un fanático defensor’ de aquellos que despectivamente son
llamados ‘marginales y tierruos’. Pero decir que ‘se pueden transformar los
barrios’, no es un eslogan populista o demagógico, sino una real posibilidad
que se ha convertido en solución en otros países.
Un
ejemplo exitoso, es el trabajo del arquitecto Santiago Cirujeda en las chavolas
(barrios) de La Coruña en España. En la municipalidad de La Coruña, con
recursos limitados, barrios enteros fueron transformados, de aglomeraciones
anárquicas de casuchas que ocupaban todo un paisaje, a edificios multifamiliares
de apartamentos, que por ocupar menos espacio, permiten aprovechar lo sobrante
para crear áreas: educativas, recreativas, deportivas, culturales, de
asistencia médica, vigilancia policial, y otras de uso comunitario; que en
conjunto dignifican y humanizan el hábitat de sus ciudadanos.
En
el ejemplo Coruñés, los trabajos de sustitución de casas por edificios,
permitieron además, la reparación y adecuación de los servicios públicos: Red
de agua potable, suministro eléctrico, drenajes públicos, y vialidad. En
nuestros barrios: Mejoras a la red de suministro de agua, significarían mejoras
de la salud y modo de vida de los vecinos; Mejoras del suministro de
electricidad, significarían ‘no más electrodomésticos quemados o comida podrida
en la nevera por causa de apagones’; Mejoras de los drenajes públicos,
significarían ‘no más botes de aguas que socaven los terrenos y derrumben
barrios enteros’; Mejoras de vialidad significarían, mejor movilidad para el
transporte, facilitar el servicio de recolección de desechos sólidos, y el
patrullaje policial. En otras palabras transformar nuestros barrios, es un
grito a voces de la gente de los sectores populares, porque ayudaría a resolver
muchos problemas de la sociedad.
¿Por
qué no se han hecho?
Aparentemente,
la transformación de nuestros barrios no ha ocurrido, estrictamente por falta
de disposición política. Alguien parece no estar de acuerdo en que los pobres
dejen de ser pobres o vivan dignamente. Alguien no quiere ni siquiera darle el
título de propiedad a la gente de los barrios. Alguien nos quiere tener
amarrados y dependientes de ‘la bolsa de comida de mercal, de la misión
‘ayúdame camarada’, y del plan ‘págame con tu voto o firma’ el pollo o saco de
cemento. ¡Es necesario crear las condiciones para la transformación de nuestros
barrios y sectores populares! Y por eso planteamos una Ley que creen e impulse
esa trasformación como una política sería de Estado, y no como un simple show
televisivo