Crónica.
ALJER. Alto Apure.
Un antecedente histórico muy recordado
en el hoy Departamento de Arauca (Colombia), población granadina fronteriza,
históricamente vinculada por su cronología fundacional y ubicación geográfica
con Guasdualito (Apure), fue la revuelta infértil de Humberto Gómez, conocida
como “La Humbertera”. La Villa de Santa Bárbara de Arauca fundada el 04 de
diciembre de 1780, en el sitio denominado Caño Córdoba, por el sacerdote Juan
Isidro Daboín y su acompañante Antonio Useche, procedentes de la vecina
provincia de Barinas (Venezuela), se vería sacudida en la casi víspera de año
nuevo de 1917, por una intensa refriega de treinta y seis días, en la que la
peor parte como todo enfrentamiento de armas correspondería a la población
civil.
El santandereano Humberto Gómez nacido el
15 de agosto de 1887, huyendo de la persecución de la que era objeto,
inicialmente se dedicaría a la fina ebanistería en el estado Guárico
(Venezuela). Igualmente, en ese estado llanero trabajaría como peón de hacienda
a las órdenes de los hermanos Gabaldon, famosos caudillos, ganaderos y
mercaderes de pluma de garza que a la postre terminarían uniéndose a las
insurgencias de las primeras décadas del siglo pasado (XX). Volviendo a Gómez,
iniciando el año de 1912 decide regresar al Arauca, ejerciendo como caporal en
el Hato Las Delicias, propiedad de Manuel Fuentes. Observada su continua
intransigencia y oposición ante el abuso y desmanes del gobierno quien lo
despojaría de su pequeño usufructo (finca) es vigilado y hostigado por el
comisario y tirano general Esteban Escallón.
Para 1916 logra reunir un grupo de 200
araucanos, a los que muchos tildaban de pillos y cuatreros, decidiendo alzarse
en armas proclamando un gobierno autónomo. El 30 de diciembre de ese mismo año
siendo las 5.30 de una fría madrugada asaltan la comisaria ajusticiando al
disminuido general Escallón con varios de sus hombres, vengando de esa forma la
muerte del general Rafael Uribe Uribe, senador de tendencia liberal
cobardemente asesinado en 1914 en una manifestación en la capital de la
república (Bogotá). Ante la pasmosa tranquilidad y para desventura del general
Escallón y sus hombres, La Humbertera entraba en calor. El fin de quien fuera
el mandamás de la comarca lo refiere el historiador Oldman Botello de la
siguiente forma:
Escallón disparaba sobre sus atacantes
con una pequeña pistola de caballería y su ordenanza con un fusil; el jefe fue
herido de gravedad de dos machetazos en la cabeza cuando se le enconchó el
arma. Lo llevaron a la casa de Atilio Danello (o D´Annello), rico comerciante
de origen italiano, donde en virtud de la gravedad de las heridas, llamó al
padre Villanea, oriundo de Cista Rica para que lo confesara y diera la
absolución, mientras sacaba de sus bolsillos un poco de oro que había guardado
a la hora del ataque; recomendó que se los diera a sus hijos, vagando en la
sabana desde el día anterior, porque supo en última instancia lo del ataque; lo
sacrificaron los hombres de Humberto Gómez a la vista del sacerdote. (Sic)
En esa acción o victoria fugaz la arenga
de aquellos aventureros era: ¡Viva el partido liberal! ¡Abajo el gobierno de
Concha! A pesar de los esfuerzos de Humberto Gómez por llamar adeptos a su
campaña; ni comerciantes, ni ganaderos, y mucho menos los partidarios liberales
colombianos, respaldaron aquella azarosa revuelta. Ante esta situación, sumado
a las divergencias internas de los alzados, murió lo que nunca había nacido.
Conocido y documentado los encuentro de
Gómez con Pedro Pérez Delgado (Maisanta); apartando distancias, ambos
guerrilleros tenían algo en común: derrotar solo en hipótesis a un mejor y
moderno ejercito gobiernero. Y algo por demás de curioso, ambos implementarían
la estrategia del arreo de cochinos -uno en El Viento y otro en el Arauca. La
estrategia era simple: ordenar a sus hombres arrear desnudos amparados en la
oscuridad, simulando a la par el berrinche de los cerdos, para luego atacar por
sorpresa al enemigo.
El ideal independentista se vería
opacado por los robos y desmanes de algunos hombres de Gómez; el saqueo
vandálico de suministros, comestibles y bebidas no tuvo parangón; del
desvalijamiento no se salvaría ni la iglesia ni el párroco, al que varios
investigadores concuerdan que fue torturado injustamente por aquella turba de
supuestos independentistas, siendo estas afirmaciones solo parte de lo
realmente ocurrido. La tortura según el destacado historiador Mantilla Trejos,
ocurrirá después del fenecimiento de la breve república, hecha por oficialistas
luego de su dilación con el vicario cooperador Víctor Cabal, originarios ambos
clérigos de San Vicente de Paúl. Vejados y desnudados se les interrogaba con
dureza y maltrato sobre el escondite de varios caudillos venezolanos, entre
ellos los generales Emilio Arévalo Cedeño, y Pedro Pérez Delgado, quienes
tenían en la intricada y problematizada zona un fácil acceso para escapar luego
de sus tropelías aventureras.
De este lado también se haría sentir La
Humbertera. Incluso, llegaron a incendiar sin razón alguna al poblado El Viento
(Elorza) jurisdicción perteneciente para la época a la república de Colombia
ganándose el repudio de la población. En Venezuela, el mismo 30 de enero el
presidente del estado Apure, general Vicencio Pérez Soto informado por el
cónsul Castellanos y algunos funcionarios de Guasdualito, envía directamente un
telegrama al general Juan Vicente Gómez sobre la acción en Arauca y del suceso
en El Viento. La orden que recibiría sería: Venezuela es completamente neutral.
Las tropas (200 hombres al mando de Benicio Jiménez) de Guasdualito debían
pasar a El Amparo y las de Elorza, al mando del general Tovar Díaz, trasladarse
a la misma población, en previsión de lo que pudiera sobrevenir.
Para el 9 de enero de 1917 el gobierno
colombiano declaraba el estado de sitio en el Arauca, comisionando a los
generales Jesús García y Manuel Bolaños Briceño a la reconquista y pacificación
de la zona. Lo que vendría después sería peor que la enfermedad. Atrocidades de
todo tipo por parte de los oficialistas agobiarían aún más a unos ya sufridos
habitantes. Hubo crímenes dantescos dignos de un Atila. Al ser entrevistado uno
de los ejecutantes de las sanguinarias acciones este referiría: “¿Qué quiere
usted que haga una fuerza que va a las pampas de Arauca a perseguir bandidos?
No íbamos a pelear con un ejército organizado, se trataba de cazar fieras.
Disminuida la asonada, Humberto Gómez
inicia las entrevistas para su rendición. En las gestiones tanto el cónsul como
el encomendado general Francisco Veracoechea, otorgaron por así decirlo un voto
de confianza al líder de La Humbertera. Entregada casi la totalidad de las
armas, y con un grupo reducido de 20 disidentes la revuelta tocaba fin, sin
excepciones todos fueron recluidos a prisión incluyendo al conocido compañero
de armas de Maisanta, el venezolano y famoso Mocho Payara.
En cuanto al destino final de Humberto
Gómez, el historiador Miguel Matus Caile, en una de sus publicaciones señala lo
concerniente:
La cárcel de Santa Rosa de Viterbo se
atiborró de prisioneros, muchos de ellos inocentes. Las autoridades de
Venezuela apresaron a Humberto Gómez y a su estado mayor y luego los dejaron en
libertad; posteriormente los gobiernos conservadores buscaron la extradición de
Humberto Gómez sin lograrlo; muchos años después el rebelde regresó a Colombia
y en los años cincuenta murió en un accidente en Cúcuta, dejando en la historia
la huella de un régimen independista de 36 días (sic).
ALJER.