El nuevo método
anunciado por el Gobierno para enfrentar la severa escasez de alimentos, no
frena los males que acompañan al bachaqueo: largas colas en los supermercados,
reventa de productos y maltrato hacia los ancianos y los discapacitados.
Prensa.
Estimulo.com. @JStarchevich
Es
mediodía en Vargas, y los ancianos cubren sus cabezas con el empaque del bulto
de paquetes de Harina PAN para combatir el sol. Llevan 6 horas haciendo cola a
las puertas del Mercal cercano al Aeropuerto Internacional de Maiquetía para
conseguir algún producto de la cesta básica. A pesar del “martirio” que dicen
pasar para ingresar al supermercado, no tienen más opción. Es el único sitio
donde pueden comprar comida barata y lograr estirar la pensión.
Cerca
de 30 adultos mayores y personas con diversas discapacidades denuncian
maltratos en su intento para ingresar a diario en el Mercal de la zona.
Aseguran que son ignorados para ingresar al mercado, en el nuevo “sorteo” que
realiza en horas de la madrugada la Guardia Nacional para determinar quienes
son los que pueden hacer las compras en el galpón que resguardan.
Ese
“sorteo” junto a las bolsas de comida que desde hace tres semanas implementa la
gobernación de Vargas para entregar en los hogares los alimentos regulados, son
las nuevas apuestas que hace el gobierno para enfrentar la escasez y el
bachaqueo. Pero ni los ancianos y ni los discapacitados creen en esos
mecanismos. Aseguran que una cosa es lo que prometen las autoridades, y otro es
lo que sienten en las calles.
Mariela
Oliveros, una pensionada de 74 años de edad, acusa a los guardias nacionales
del Mercal de obligarla a mantener la cola desde la madrugada junto a
centenares de personas, a pesar que mostró a los uniformados un informe médico,
advirtiendo los problemas de columna que padece.
“Son
las diez de la mañana y los guardias no han recogido las cédulas para hacer el
sorteo desde las cuatro de la madrugada. Nos tienen aquí pasando sol y nos
ignoran. Nos ponen hacer cola junto al resto de la gente y eso no puede ser
así”, afirma la señora, a las puertas del Mercal que resguarda un efectivo
militar.
Cerca
de Oliveros, se encontraba Juan Orellana. De sus 54 años, 40 los padece con
epilepsia. Él también espera de pie un gesto de la Guardia Nacional para
ingresar al Mercal. Pero han pasado cuatro horas y no cree que conseguirá mucho
cuando le toque comprar.
“Allá
hay pollo y caraotas, pero al paso que vamos no creo que consiga mucho”,
comenta en medio de la cola de personas con discapacidad.
Quienes
realizan la cola de Mercal tienen dudas sobre el nuevo método casa por casa
implementado por el gobernador de la entidad, Jorge Luis García Carneiro. Desde
hace 20 días, impulsa la distribución de comida casa por casa, centralizando la
compra de los productos regulados en una nueva empresa manejada por su
despacho. Esa comida es organizada en bolsas que son distribuidas a las casas
en jornadas supervisadas por el Ministerio de Alimentación y los consejos
comunales de la zona.
El
jefe regional informó que unas 1.600 toneladas de productos han sido
distribuidas en Vargas bajo este nuevo método, que será adoptado en el resto
del país, anunció en la víspera el presidente Nicolás Maduro, quien aspira
acabar con las colas y el bachaqueo con la entrega personalizada de comida.
José
Manuel Olivares, diputado de la oposición por Vargas, acusó a García Carneiro y
su entorno de oficializar el bachaqueo con el nuevo método de comida
personalizada, que comprende de productos desaparecidos de los anaqueles: una
bolsa de leche, una de harina de maíz, una de azúcar, un frasco de aceite y
caraotas.
“Las
bolsas ahora las venden los consejos comunales (…) Bolsas con pocos alimentos
son vendidas, no dadas de manera gratuita, sino cobradas entre 1.200 y 2.000
bolívares, dependiendo de qué consejo comunal lo venda”, denuncia el
legislador.
Las colas se mantienen en Vargas a pesar
de ser activado el mecanismo hace tres semanas. En las redes privadas de
mercados de Maiquetía, personas colmaban el viernes sus puertas en búsqueda de
alimentos regulados. Tal es el caso de
Jenny Díaz, quien pasó 22 horas en el supermercado DíaDía de la localidad
varguense para lograr comprar tres frascos de aceite de maíz regulado.
“Llegué
a las 7 de la noche y compré a un bachaquero un número a 500 bolívares para
comprar. Hice una megacola para comprar esto”, aseguró Díaz, mostrando los
frascos que cargaba en una misma mano. Antonio Valderrama, pensionado de 68
años, dijo que al problema de las colas de los supermercados en Vargas se le
está agregando una novedad: los uniformados que hacen mercado.
“Ahora
uno tiene que lidiar con los policías y bomberos que llegan temprano a las
colas. Se meten en los mercados, ignorando a todos. Hacen su mercado, se llevan
todo y nos dejan guindando”, denuncia. También duda de los efectos que podría
generar el nuevo método activado por García Carneiro en su ajustado presupuesto
familiar. “Aquí uno compra por lo que se
consigue. Y lo que puedo conseguir me cuesta unos 5.000 y 6.000 bolívares a la
semana. Casi toda mi pensión”.